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Temperamentos. Pilares para la excelencia personal y profesional (66)

Como quedamos ayer, voy a haceros una lectura de cada temperamento, señalando cuáles de sus virtudes pueden llevarlo al éxito, y cuáles de sus defectos al fracaso.

El sanguíneo, por encima de cualquier cosa, necesita expresarse. Es primordial para él vivir su explosión, realizar sus ilusiones, ser el centro de atención de los grupos en los que participa, vivir cada experiencia con total alegría y excelente sentido del humor. Es el temperamento más extravertido, por ello adora integrarse con la gente en la calle, y con todo aquello que se mueve al aire libre. Se llena de todas las cosas que vienen de fuera. De este modo, se siente exitoso y pletórico. Es el mejor creador de climas agradables y distendidos, tan necesarios en estos tiempos, además de ser un actor nato, cualidad que explota cuando está en grupo. Es encomiable su capacidad de recuperarse, sin ningún rencor, de cualquier enfado suyo o ajeno. Su talento más preciado es la expresividad.

El sanguíneo, sin embargo, debe ser muy cuidadoso con su falta de respeto y de discreción, así como con su inmadurez reflexiva, que le lleva a explosiones incontroladas de carácter y de gula. Su debilidad más acusada es el descontrol de sus emociones.

Los  cuatro temperamentos. Los pilares de nuestra excelencia personal y profesional (66)

El flemático precisa que la vida sea muy agradable y quiere que siempre le resulte grata, para ello evita inmiscuirse en las actividades o en la vida de los demás, y procura no comprometerse con hazañas que no le interesan. El flemático difícilmente se enfada, pues posee una paciencia casi ilimitada, valor que le permite mostrarse  imperturbable cuando todo está agitado. Esta gran cualidad le confiere un perfil de trabajador meticuloso muy por encima de cualquier otro temperamento. La gente le resulta encantadora si no se entromete en sus intereses. Es aconsejable no olvidar que el flemático es introvertido aunque se muestre muy amable, y que le gusta preservar su intimidad. Los amigos y colaboradores profesionales le emplean para que medie en causas perdidas o difíciles. Su talento más valorado es la inmutabilidad.

El flemático debe cuidar su desinterés por las cosas que le rodean. Esto le lleva a un estado de desmotivación muy profundo, del que en ocasiones no es capaz de evadirse. Además, para defender su comodidad reprime emociones que expresadas serían un gran canal de crecimiento profesional y artístico. Su desinterés por los demás a veces es excesivo, pues le cuesta mucho implicarse y servir de apoyo. Su debilidad más clara es la desmotivación.

El colérico define su vida desde las acciones concretas y los propósitos que se marca. Su don más preciado es el reconocimiento inmediato de todas las oportunidades que la vida le presenta, sobre las que actúa de modo muy práctico y preciso. Cuando está en grupo aporta ideas y planes de continuo. Gracias a su liderazgo natural, decide rápido sobre cualquier asunto que le interese, y lucha hasta que lo consigue sin desfallecer, pues la constancia es otra de sus grandes virtudes. Puede realizar varias funciones a la vez sin sentirse atosigado por ello. Y es que al colérico le hace feliz tener varios frentes abiertos para sentirse muy útil. Uno de sus valores es su extraversión. Su talento más sobresaliente es su actividad a pleno rendimiento y multifuncional.

El colérico tiene dificultades para delimitar sus errores, que difícilmente reconoce. Es más, tiende a culpar a los otros. A esto se suma su predisposición a hacer sin tener en cuenta los errores. Quizá sea su avaricia de éxito lo que debe mejorar de su personalidad. Su debilidad más notoria es la falta de aprecio por las personas de las que no puede conseguir algo.

El melancólico, amén de su capacidad para realizar sus trabajos con gran precisión, tiene un talento natural para el análisis y la ampliación  del pensamiento, lo que le hace ser un gran observador de todo lo que le rodea. Su alma es muy esforzada, con una elevada tendencia hacia el servicio y el sacrificio por la comunidad. Es activo en la escucha, y desarrolla cualidades de atención que no tiene ningún otro temperamento. En la amistad es un amigo fiel, y lleva su fidelidad a través del tiempo. El melancólico recuerda a sus amistades “eternamente”. Es el temperamento con mayor profundidad para las relaciones por la relevancia que ve en todas ellas. El melancólico tiene una vena mística que aviva a lo largo de su vida con la búsqueda de respuestas trascendentes. Es delicado con la intimidad de los demás por su condición de introvertido que a veces puede ser muy exagerada. El melancólico lleva a profundidades insondables su revisión de los aspectos de la realidad. Su talento más notable es su entrega al prójimo olvidándose de si mismos.

El melancólico debe cuidar mucho su tendencia a ver las dificultades en lugar de los posibles logros. Esto le convierte en agorero y le lleva a estados anímicos muy inestables, por no hablar de su amor exacerbado a su intimidad y a la soledad. Su debilidad más importante es la minuciosidad que despliega para analizar todo lo negativo.

Estos son los puntos clave de cada temperamento, que nos permiten definir sólo nuestra preferencia, y en ningún caso la personalidad completa. Para ello se necesita un trabajo más exhaustivo, y desde este espacio procuraremos dar las herramientas para que vayamos progresando en nuestro autoconocimiento. La información que hasta ahora hemos ofrecido es una base para iniciar el camino de detección de nuestro pilar interior, sobre el que se cimentará el resto de nuestros valores.

El ejercicio que haremos ahora es el siguiente:

Toma un papel y puntúa del 1 a 10 cada uno de los valores y contravalores definidos como el más singular de cada temperamento. El que tenga más puntuación será el preferente tuyo. Para aquellos que no tengáis una preferencia definida, debéis hacer el trabajo con la totalidad de los valores que se expresan, y al final encontraréis cuál es el que os define con mayor exactitud. El ejercicio se hace con los valores, y no con las debilidades.

Ejemplo imaginario:

Sanguíneo: Mi nivel de expresividad y extraversión: 4
Flemático: Mi capacidad de inmutabilidad: 5
Colérico: Soy activo y elevo mi rendimiento permanente: 9
Melancólico: Mente analítica y pensamiento profundo: 1

Resultado: Preferencia Colérico. Esta persona tiene su diamante en su actividad y rendimiento permanente. Cada vez que quiera realizar un cambio deberá poner su atención en esta gran cualidad “de acción y rendimiento permanente”. En ningún caso se fijará en las cosas que le faltan de los otros temperamentos.

Los que no hayáis encontrado ninguno, puede ser que estéis muy armonizados entre los cuatro, y seguramente tenéis muchos elementos de todos.

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Temperamentos. Pilares para la excelencia personal y profesional. (65)

Durante estas semanas hemos ofrecido información sobre los cuatro temperamentos de Hipócrates y Galeno, y hemos disfrutado de todos los matices de cada uno de ellos. Hemos conversado con el expresivo sanguíneo (46), respetado al paciente flemático (51), estuvimos trabajando con el activo colérico (56) y, por último, escuchamos a nuestro analítico y profundo melancólico (61).

De todos los post (65 hasta el momento), estos han sido los que más comentarios han provocado, a la vez que han recibido el mayor número de visitas a nuestro blog. El melancólico ha superado a todos con 365 entradas, y con 43 comentarios vuestros y 14 respuestas mías. Estoy muy emocionada por ello. Considero que tiene un significado positivo hacia el trabajo realizado, además de llevar implícita una necesidad de autoconocimiento y transformación de cada uno de los que participamos en este espacio.

Los cuatro temperamentos. Los pilares de nuestra excelencia personal y profesional. Parte I (66)

El sentido del descubrimiento personal sólo puede estar motivado y sustentado por el deseo de promover y potenciar todo lo que de extraordinario hay en cada uno de nosotros para, desde ese lugar de fuerza, posicionarnos en la parilla de salida con las ideas muy claras de hacia dónde queremos ir, qué queremos conseguir y con qué medios contamos para ello. Muy fútil sería el esfuerzo si, colocados en el principio de la carrera, desconociéramos qué buscamos, quiénes somos y cuáles son nuestras grandes habilidades y talentos para lograr el éxito.

Se trata de descubrirse para dignificarse con lo que uno es. De percibirnos con un potencial único para ayudar a nuestra voluntad a generar hábitos de excelencia desde los que afrontar las adversidades  como si fueran oportunidades. Además, saber con qué contamos nos compromete con la gestión de nuestros dones para llegar a la meta. Y es que de lo que se trata es de liderar nuestra vida.

Conocerse en ningún caso puede ser dolerse de ser quienes somos y resquebrajar nuestras fuerzas por el miedo al camino. No importa si nuestro temperamento es más sanguíneo o más colérico, ni si tenemos la mayoría de las cualidades del flemático o, por el contrario, nos hemos descubierto como melancólicos. Porque, sea como sea, ese es nuestro contingente, es decir, el pilar sobre el que nos apoyamos para seguir adelante. Sobre dicho pilar crecerá nuestro carácter, parte mutable sobre la que podremos trabajar día a día hasta lograr unos buenos resultados.

Muchos de vuestros comentarios han mostrado una predisposición a rechazar vuestra preferencia, o a mirar el lado negativo de la misma, olvidando, posiblemente porque yo no he sido clara, que el temperamento preferente es el diamante que todos llevamos dentro, y que cuando se desconoce, en lugar de una piedra preciosa se convierte en un enemigo.

Cada temperamento nos ha presentado su cara fortalecedora y sus debilidades, y es en este conocimiento donde está nuestra mayor riqueza. Una riqueza que nos aproxima al éxito y a la excelencia personal. El talento del hombre está en aprovechar todo su potencial y abrirse a conocer y descubrir nuevas posibilidades. No debería pues  sentirse quejumbroso por sus debilidades y recrearse en ellas. Poco o nada podemos hacer con aquello que es inherente a nuestra personalidad y que llevamos en nuestra maleta para que el viaje resulte más entretenido, más saludable y, sobre todo, más real.

El introvertido lo seguirá siendo aunque con su trabajo personal resuelva varios de sus elementos negativos, tales como el ostracismo y el excesivo retraimiento en su espacio. Si el introvertido reconoce que su potencial está en su energía interior, en el conocimiento de sí mismo, y eso lo extrapola a todas las funciones de su vida, podrá apoyarse en dicho conocimiento para ir al encuentro de lo que le rodea, en lugar de transformarlo en un impedimento vital. Ahora bien, si niega esa cualidad porque cree que es mejor ser extravertido, entonces tendrá un grave problema. La aceptación de esta cualidad le aproximará a aprender de ciertos comportamientos extravertidos, mientras que la negativa le encerrará aún más en sí mismo.

Este mismo ejemplo podemos aplicarlo a cualquiera de los temperamentos. Mañana continuaremos con un estudio más detallado de cada uno de ellos desde sus fortalezas y debilidades, así como con alguna indicación de cómo diagnosticar nuestra preferencia más sobresaliente.

Esperamos continuar a vuestro lado todo el tiempo en este cálido e interesante mes de agosto. Gracias por vuestra atención. Hasta mañana.

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Temperamento melancólico (61)

Ha llegado el momento de descubrirse. Hemos estado arropados durante estas semanas detrás de nuestros amigos sanguíneos, flemáticos y coléricos, y entre tanto disfrutábamos de un pequeño desconocimiento sobre nosotros mismos. Nuestro amigo de hoy es el analista, y por ello nos conducirá por lugares mucho más claros y más precisos. A este temperamento le parece muy interesante la vida, siempre y cuando pueda encontrar respuestas del por qué y para qué de todo aquello que sucede a su alrededor.
El temperamento melancólico es el más rico y el de mayor registros de los cuatro; es talentoso, perfeccionista, abnegado y muchas cosas más que iremos viendo. Además, el melancólico es por excelencia el más analítico de todos. Es decir: su mayor valor es su capacidad para diagnosticar acertadamente los obstáculos y los riesgos de los proyectos en los que participa.
Gestionar lo imperfecto de uno mismo. El temperamento melancólico (61)
Para realizar esta función analítica, el melancólico indaga en lo más recóndito de sus recuerdos, y para ello desmenuza cada situación a niveles insospechados e incomprensibles para otros. Su facultad para rememorar instantes pasados, de hace mucho tiempo, es asombrosa, no sólo porque descorre velos que parecían impenetrables, sino porque además su pensamiento sobre los hechos es profundo, elude la superficialidad (que aborrece) y va relatando las experiencias con todo lujo de detalles que recogen la máxima información posible sobre una situación.
Para saber si eres melancólico debes preguntarte: ¿buscas la perfección en todo lo que haces y en los demás?, ¿tu mayor afán es contribuir y estar al servicio de los otros porque tienes un alma esforzada que está dispuesta al sacrificio personal en aras del bienestar social?, ¿eres un gran observador con alto nivel de escucha activa? Seguramente hay muchos grados para estas respuestas y estés meditando sobre cuánto te compromete reconocerte en alguna de ellas. Esto también te define como melancólico: la dificultad para tomar decisiones sobre ti y tus competencias. Esta incertidumbre es una de tus grandes parálisis, que te imposibilita avanzar todo lo que podrías.
Los puntos expuestos son los más prominentes de un temperamento melancólico, y si los cumples podríamos decir que tu identidad temperamental es preferentemente melancólica. ¿Eres de este tipo?
Si es así, tienes como sello ser un amigo fiel, si bien tu facilidad para hacerte amigos es muy baja, aunque en ningún caso abandonas a alguien cuando esperan tu respaldo o protección. No olvides que puedes ejercer cualquier profesión, siempre que tenga un sentido humanitario. Esa humanidad es la que hace perdonables algunos de tus grandes defectos o debilidades, como la visión negativa sobre el mundo, que te impele al pesimismo y te arrastra a la crítica.
Estos puntos oscuros en tu temperamento melancólico originan que en los nuevos proyectos encuentres primero las dificultades que los posibles logros. La mente analítica te abduce y comienzas a visionar previamente los problemas, para luego ilusionarte con los beneficios de la idea. Cuando has superado esta primera fase derrotista, tu posición ante el proyecto no es muy activa, porque prefieres mantenerte al resguardo de la celeridad, que te ofende, ya que consideras que se pierden detalles.
Es conveniente que no olvides tu tendencia a plantear novedosos proyectos, aunque sin participar en su desarrollo y realización. Los melancólicos necesitáis asociaros a otros temperamentos para paliar vuestra vena nada práctica.
Otro aspecto de mejora es la tendencia a esperar que la gente acuda a ti, esforzándote poco o nada en producir tú el acercamiento. El problema no está en si te gusta la gente, que te agrada, sino en que tienes una doble necesidad: primero que te acepten, y después que te dejen solo.
Detrás de cada melancólico hay escondida alguna experiencia dolorosa que les lleva a rehusar a la gente porque ven en ellos oscuras intenciones, que en muchos casos acaban siendo ciertas. Es difícil que las relaciones que mantiene no acaben cumpliendo la premonición de que «te pueden fallar». Este es un pensamiento reiterativo de un melancólico: «Si alguien se acerca es porque busca algo de mí».
Si concibes por un instante que alguien demanda tu compañía y desea estar muy próximo a ti, generarás un conflicto para evitarlo. Eres muy susceptible a las relaciones, y pueden ofenderte con sólo mirarte. Tus vaivenes de ánimo son insoportables, no sólo para ti, sino para todos los que te rodean, puesto que puedes llegar a ser irrazonable
Tienes un potente cerebro que funciona dependiendo de tu estado anímico, que como hemos visto es un poco inestable. Cuando estás optimista (pocas veces) el mundo gira alrededor de tus ideas y tus grandes conceptos creativos, si bien cuando vives alentado por el rencor, el miedo y la tristeza, te encierras en un rincón y esperas a que se pare el tiempo.
Esta línea de pensamiento melancólico y negativo hace que muchas de las decisiones que tomas sean poco realistas. Los grandes picos y valles de tu temperamento hará que a veces pienses que eres un sanguíneo, transportado a grandes alturas, y otras que vayas por el mundo como un alma en pena. O aprendes a controlarte, o a medida que vayan pasando los años irán aumentando los momentos de insatisfacción, amargura y depresión.
Todos estos matices podemos definirlos en cuatro escalas principales, que dan una información muy rica a la hora de aproximarnos a un conocimiento más profundo de los comportamientos del temperamento melancólico en diferentes momentos y ante diversas situaciones:
  • En qué centras tu atención: eres el más introvertido de todos los temperamentos. Tiendes a mirar tu mundo interior, en el que te recreas.
  • Cómo accedes a la información: casi siempre de manera intuitiva. Tiendes a centrarte en tu imaginación y en el mundo poco práctico del que participa. Ves los datos desde sí mismos, no desde los sentidos.
  • En qué basas tus decisiones: eres muy dado al análisis, aunque este tiende a ser destructivo y negativo, lo que hace que tus decisiones no sean muy realistas.
  • Cómo tratas al mundo que te rodea: desde el juicio y el análisis. La exigencia y la valoración es tu forma más común de relacionarte.
Eres un idealista que a veces tiende a ser poco práctico y muy teórico. Te convendría someter tus proyectos a la prueba de la viabilidad, así como asociarte con personas de otro temperamento que te complementen.
Sed amables y compartir vuestras opiniones para que podamos saber si os identificáis con esta descripción de los temperamentos. Nos ayudará conocer los puntos en los que estáis de acuerdo y en los que no.
Bibliografía:
Descripciones de la melancolía y sus síntomas pueden encontrarse desde la Antigüedad. «Si el miedo y la tristeza se prolongan, es melancolía», escribía Hipócrates.
La famosa medicina árabe medieval tiene un libro dedicado exclusivamente a este trastorno: Tratado de melancolía (Maqâla fî âl-Malîhûliyâ).
1621. Anatomía de la melancolía, de Robert Buton. Ensayo médico y filosófico en el que se resumen los conocimientos y hábitos del temperamento melancólico hasta la fecha.
Duelo y melancolía, de Sigmund Freud.
La melancolía, de H. Tellenbach
Oda a la Melancolía (poema de John Keats)
A los amantes del arte (que suelen ser melancólicos) os recomiendo el estudio de un grabado de Alberto Durero titulado Melancolía (en la foto). Ha sido objeto de más interpretaciones modernas que casi cualquier otra imagen en arte, incluyendo un libro en dos volúmenes de Peter-Klaus Schuster, y una discusión muy influyente en la monografía sobre Durero de Erwin Panofsky.
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Temperamento colérico (56)

Retomamos el análisis de los temperamentos iniciado en los post 46 y 51 con sendas descripciones del sanguíneo y el flemático. Recordemos que todos tenemos  características de los cuatro temperamentos, y que sólo nos diferencia cierta inclinación hacia uno u otro. Esta inclinación de nuestra personalidad nos permite desarrollar nuestras cualidades más sobresalientes y plantearnos las áreas de mejora que debemos acometer para lograr nuestros objetivos con confianza y maestría. Hoy vamos a averiguar cuántos de nosotros tenemos mayoritariamente características del temperamento colérico.

Este es el temperamento práctico y activo por excelencia, es decir: no se dedica a ninguna acción que no tenga un propósito concreto. El colérico reconoce las oportunidades de inmediato y no necesita que el entorno le estimule para llevar a cabo sus propósitos. Cuando está en grupo se le reconoce porque aporta ideas y planes continuamente.

Gestionar lo imperfecto de uno mismo. El temperamento coléricoLa llave maestra para detectar si somos de preferencia colérico es: ¿nos motiva hacer varias cosas a la vez aunque no estén perfectas? El colérico prefiere hacer las tareas con celeridad y un 80% de precisión a detenerse en la búsqueda de la corrección al 100%. Descubrir esta clave del temperamento colérico nos abre un doble visión: por un lado, entendemos el malestar que provocamos cuando presentamos trabajos con fallos (algunos descomunales), y por otro, si no somos de este temperamento entenderemos un poco más la propensión de los coléricos a hacer mucho, aunque poco bueno,  y desde luego nada perfecto. El colérico piensa que la búsqueda de la perfección en las ocupaciones es poco práctica, además de imposible, lo que le lleva a ser pródigo en errores, que en muchos casos es incapaz de detectar.

La vida para un colérico es pura actividad, y estimula a compañeros para que le secunden, adoptando posiciones muy decididas sobre cualquier asunto, sin vacilar ante la presión u opinión contraria de los demás. Su practicidad y agudeza le hacen planificar actividades muy ventajosas y lograr objetivos que parecían inalcanzables, aunque su disposición en varios frentes a la vez le lleva a declinar su entusiasmo allí donde no logra sus propósitos con celeridad. La paciencia es una cualidad poco habitual en los coléricos puros, y aunque son constantes y luchadores, también son ambiciosos y necesitan resultados tangibles pronto.

El colérico se considera independiente y autosuficiente, y su tendencia natural es menospreciar la ayuda de los demás, lo que en algunos casos le aboca a situaciones límites e irresolubles. Difícilmente reconoce sus  errores, y tiende a culpar a los otros de su  fracaso.
Estos puntos son los más sobresalientes de un colérico, y si una persona los cumple, podríamos decir que su identidad temperamental es de preferencia colérica, pues no le asustan las adversidades y  se muestra tenaz en su determinación, logrando el éxito donde otros fracasan.

El colérico es un líder nato, aquel al que los expertos en administración empresarial llaman un líder natural fuerte; por ello, todas las profesiones que requieren de un liderazgo motivacional e impulsor, así como los puestos que exigen una alta productividad, suelen estar ocupados por coléricos. Este temperamento suele fracasar en los puestos que necesitan demasiada atención en cuestiones de detalles y planificación analítica.

El colérico ve la vida como un mundo de oportunidades muy diversas donde la adversidad forma parte del juego y le permite desarrollar sus habilidades para la lucha y para estar en forma.

La  naturaleza emocional es la parte menos desarrollada de este temperamento, y eso le dificulta la relación con los otros. En situaciones de confrontación  se deja llevar por la ira, emoción que expresa cuando se le contradice o las cosas no salen como quiere.
El punto más negativo de un temperamento colérico es la falta de compasión por los que sufren a su lado, sobre todo si son relaciones poco profundas o que no le interesan. El colérico se precia de ser frío y poco afectivo.

Sus inquietudes se dirigen más hacia los valores utilitarios y productivos que hacia las artes, por las que demuestran poco aprecio. Las ven como una pérdida de tiempo. Sin embargo, son grandes gourmets, y disfrutan de las artes culinarias y de los buenos espacios.

Otra área de mejora, especialmente en el mundo laboral, es que los coléricos no delegan la responsabilidad, y  terminan teniéndolo que hacer todo ellos solos.

Todos estos matices podemos definirlos en cuatro escalas principales, que dan una información muy rica a la hora de aproximarnos a un conocimiento más profundo de los comportamientos del temperamento colérico en diferentes momentos y ante diversas situaciones:

  • En qué centran su atención: por su condición de extravertidos, tienden a preferir relacionarse con el mundo exterior (entorno o personas). Se llenan  de energía cuando están en la calle o en el campo, o cuando salen de la oficina.
  • Cómo acceden a la información: les gusta que les entre por los cinco sentidos. Lo tangible les parece mucho más apetecible que lo imaginario. No les gusta enredarse en supuestos.
  • En qué basan sus decisiones: como no son muy dados al análisis, valoran las cosas como buenas o malas, bellas o feas. Sus decisiones están influidas por sus relaciones y sus intereses emocionales.
  • Cómo tratan al mundo que les rodea: Tienden a ser dominantes y autoritarios, usando a la gente sin vacilación con tal de lograr tus fines.

La próxima semana hablaré del melancólico. Sed amables y compartir vuestras opiniones para que podamos saber si os identificáis con esta descripción de los temperamentos. Nos ayudará a todos conocer los puntos en los que estáis de acuerdo y en los que no.

Películas recomendadas:

El Tormento y el Éxtasis (Miguel Ángel)
Ben Hur

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Temperamento flemático (51)

Retomamos el estudio de los temperamentos, que iniciamos con el tipo sanguíneo del post 46. Conforme vayáis leyendo, recordad que tenemos aspectos de todos los temperamentos, y que nos diferenciamos unos de otros por las preferencias. Vamos a averiguar cuántos de nosotros somos «preferentemente» flemáticos.

El temperamento flemático es el espectador por excelencia. Es el temperamento que no se alarma y que difícilmente se enfada. La experiencia de la vida le resulta grata, aunque nada emocionante, por ello procura no comprometerse mucho con las actividades de los demás ni con las suyas propias, y como dice el dicho: un flemático deja que vengan las cosas y se alegra de que pasen de largo. Socialmente, le gustan las personas, siempre que no le molesten o intenten inmiscuirle en sus problemas.
Gestionar lo imperfecto de uno mismo. El temperamento flemáticoPara saber si eres o no flemático, es fundamental contestar a esta pregunta: ¿te muestras imperturbable cuando todo a tu alrededor está agitado? Evidentemente, hay niveles para esta respuesta; sin embargo, intenta recordar si tus amigos, y más aún tus parejas, se quejan de que «parece que pasas de todo y que nada te importa».
Estos puntos son los más sobresalientes de un flemático, y si los cumples, podríamos decir que tu identidad temperamental es de preferencia flemática. ¿Eres de este tipo?
Si es así, tienes como sello tu tranquilidad y enorme serenidad. Algunos estudiosos opinan que eres el más simpático de los temperamentos por tu capacidad de ver el lado bueno de las cosas, aunque todavía no he podido discernir si es realmente simpatía o tu escudo para aislarte de los conflictos de los que sales indemne.
Tu aire sereno e inmutable te convierte en uno de los mejores mediadores para las situaciones límites. Puedes encontrarte entre fuegos cruzados y miras a los contendientes serenamente, esperando que detengan los disparos, sin tomar partido ni confrontar a ninguna de las partes. Eres un «sin partido» cuando las personas discuten. Podría parecer que no quieres perder la relación con los interfectos; no obstante, la realidad es que no te interesa lo que les pasa.
Eres un maestro de las manualidades y de todo aquello que te exija paciencia y ser muy meticuloso. He llegado a pensar que hay en este ejercicio deseos de calmar emociones que no permites que emerjan a la superficie.
Que nadie piense que no eres capaz de liderar proyectos si se presenta la ocasión; ahora bien, es difícil que busques una posición de liderazgo, porque aunque eres potencialmente un gran líder, la exigencia de este puesto rompe tus intereses y tus hábitos más preciados, lo que te lleva a no promocionarte voluntariamente. Los líderes flemáticos tenéis un potencial conciliador sorprendente y una gran capacidad para trabajar bajo la presión y el estrés exterior.
Tu mayor enemigo es el desinterés y la falta de motivación. Me confunde tu amor a la buena vida y el poco empuje que le pones para conseguirla. Evitas dar más de lo necesario, aunque eres cumplidor de tus compromisos y de las responsabilidades que has adquirido, tanto en lo profesional como lo personal.
Otra área de mejora importante es tu tacañería. A pesar de que sólo pueden dar fe de ello las personas que viven cerca, cuidas cada céntimo y actúas como un avaro, excepto cuando se trata de comprar algo para ti mismo.
Todos estos matices de tu temperamento flemático podemos definirlos en seis escalas principales, que dan una información muy rica a la hora de aproximarnos a un conocimiento más profundo de tus comportamientos en diferentes momentos y ante diversas situaciones:
  • En qué centras tu atención: por tu condición de introvertido, raramente compartes con otros tu mundo interior, ni te resulta seductor el mundo de fuera. Tu hogar es lo mejor.
  • Cómo accedes a la información: normalmente te gusta que te entre por los sentidos y no te dejas llevar por la imaginación.
  • En qué basas tus decisiones: tus análisis suelen estar basados en el pensamiento para evitarte la inseguridad personal y perderte en tus emociones.
  • Cómo tratas al mundo que te rodea: necesitas que las cosas estén claras y evitar en lo posible cualquier tipo de sorpresa.
La próxima semana hablaré del colérico. Ser amables y compartir vuestras opiniones para conocer si os identificáis con esta descripción de los temperamentos.
(Un buen ejemplo de personaje flemático es el famoso actor británico de los Monty Phyton, John Cleese. Ver vídeo)
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Temperamento sanguíneo (46)

Primer temperamento: El sanguíneo

Me gustaría recordaros que, si bien todos tenemos un temperamento preferente, en ningún caso existe un temperamento puro, sino una combinación de unos y otros que conforman nuestra personalidad. Los puntos clave de cada uno de los tipos nos darán pistas para hacer nuestro modelo robot. Hoy vamos a empezar por el temperamento más explosivo y más radical en su expresividad, además de ser el que más valora la amistad.

El temperamento sanguíneo es por excelencia el más realizador de todos. Es decir: su mayor valor es poder hacer lo que quiere. Además, cuando está en grupo, busca ser el centro de atención de todos los que le rodean. Como comunicador es incansable, y sufre cuando tiene que callarse o escuchar a los otros. Es charlatán de profesión. La clave maestra para identificar si uno es sanguíneo es: ¿me exalto de golpe y me recupero rápidamente sin darle importancia a mi explosión?

Gestionar lo imperfecto de uno mismo. El temperamento sanguíneoEstos puntos son los más sobresalientes de un sanguíneo, y si los cumples podríamos decir que tu identidad temperamental es sanguínea. ¿Eres de este tipo?

Si es así, tienes como característica principal tu alegría. Eres el más alegre de todos los temperamentos. No tienes parangón con otros tipos en tu nivel de receptividad hacia las impresiones externas, pues tu calidez y alta cualidad para hacer amigos lo propicia.  Contagias fácilmente con tu humor a tus compañeros, siendo igual de permeable a las alegrías que a las tristezas de los demás. Un punto a tener en cuenta es el rechazo que tienes a la soledad, lo que te lleva a buscar permanentemente la relación con el otro.

Tu locuacidad es enorme, y pocas veces te bloqueas para decir lo que piensas, aunque a veces tu franqueza resulta un tanto inoportuna. Esta facilidad para comunicarte tiene su culminación cuando cuentas historias que escenificas y dramatizas cuando la ocasión lo permite. Ciertamente, tu cordialidad te abre las puertas de la amistad, y tus amigos tienen la sensación de que todos son únicos para ti.

Tu cualidad más negativa es la falta de reflexión. Esto te ha provocado algunos disgustos de los que no eres del todo consciente en el momento en que suceden, a pesar de que son frecuentes en los ambientes más cercanos. En algunas ocasiones, te has sorprendido por  la reacción negativa que han tenido algunas personas próximas después de una indiscreción tuya o de tu violencia verbal. Muchos te dirán que eres como el champán.

Tu mayor enemigo es la disciplina. Por lo general, te dejas arrastrar por los excesos en la comida y la bebida, lo que provoca un sobrepeso que te cuesta muchísimo reducir. Tu tendencia a tener inflamado el vientre te incomoda y te evidencia como un «glotón».

Eres súper extrovertido, a veces en grado sumo, y resulta molesta tu necesidad de llamar la atención. También presentas grados de inestabilidad emocional que te hacen pasar de la hilaridad al llanto  en un instante, o de la paz a la ira.

Uno de tus grandes valores, y por el que eres admirable, es tu ausencia de rencor. Después de fuertes estallidos vuelves a la normalidad, sin entender el reproche de los otros.

Todos estos matices de tu temperamento sanguíneo podemos definirlos en seis escalas principales, que dan una información muy rica a la hora de aproximarnos a un conocimiento más profundo de tus comportamientos en diferentes momentos y ante diversas situaciones:

En qué centras tu atención: por tu condición de extravertido, tiendes a preferir relacionarte con el mundo exterior (entorno o personas). Te llenas  de energía cuando estás en la calle o en el campo, o cuando sales de tu oficina.

Cómo accedes a la información: te gusta que te entre por los cinco sentidos. Lo tangible te parece mucho más apetecible que lo imaginario. Quieres que las personas te digan las cosas claramente, y no te gustan las suposiciones.

En qué basas tus decisiones: eres emocional, y tus decisiones las tomas teniendo en cuenta lo que te gusta, las personas que aprecias y, sobre todo, los valores que sustentan tus principios.

Cómo tratas al mundo que te rodea: eres muy flexible y espontáneo, y quieres aprovechar todo lo que te rodea

Espero que compartas tu visión de este temperamento conmigo para crecer en esta investigación conjuntamente.

La próxima semana hablaré del flemático.

Píldora formativa sobre Roles de Comunicación:

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Humores básicos y personalidad (40)

En los estudios de la personalidad la doctrina más antigua de Occidente es la representada por la teoría de los cuatro humores propuesta por Hipócrates hacia el año 400 a.C. y desarrollada por Galeno hacia la mitad del siglo II d.C. Esta teoría sostiene que el cuerpo humano se compone de cuatro sustancias básicas identificadas como: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema, siendo su equilibrio o desequilibrio causa directa de nuestra salud o enfermedad. Galeno muestra en su obra Las facultades del alma siguen los temperamentos del cuerpo, que las facultades del alma se generan a partir de la mezcla de los cuatro humores del cuerpo, concluyendo que de esta mezcla se conforman cuatro personalidades y sus comportamientos. De este modo, podemos decir que cada uno de nosotros, dependiendo del desequilibrio de nuestros humores, mostramos un temperamento diferente con actitudes diversas, ejemplificando lo variopinto del espectro humano en su concepto más «inamovible», que son los temperamentos.

Estos temperamentos han sido clasificados en: sanguíneo, colérico, melancólico o flemático, correspondiendo el sanguíneo al equilibrio de la sangre, el colérico a la cantidad de bilis amarilla, el melancólico al nivel de bilis negra y el flemático a la flema. Este conocimiento nos permite observar el entorno con un nuevo enfoque. No es lo mismo pensar que el otro tiene mala uva, que descubrir que tiene una alteración en sus humores, y por ende en su temperamento.

Gestionar lo imperfecto de uno mismo. Los cuatro temperamentos básicosSi bien todos tenemos un temperamento preferente, en ningún caso existe un temperamento puro. Lo que generalmente encontramos es una combinación de unos y otros conformando la totalidad de nuestra personalidad. Los puntos clave de cada uno de los tipos nos darán pistas para hacer un modelo robot aproximado de nuestra realidad cotidiana.

Esta primera visión fue ampliada por otros estudiosos de la personalidad, quienes entendían que la interacción y los niveles de emocionalidad eran netamente diferentes dependiendo del temperamento. Estos investigadores aportaron más información para acotar las variables de cada uno y poder definir las áreas de mejora a desarrollar. También así se conocían las debilidades de propias desde un abanico mucho más amplio.

Antes de ponernos a desarrollar nuestro trabajo, es bueno que sepamos que ninguno de los temperamentos es mejor que otro. Todos tienen fortalezas y áreas de mejora.

El más relevante de estos investigadores fue el psicoanalista freudiano suizo Carl Gustav Jung (1875–1961), que reinterpreta los conceptos de Freud de Eros y Thanatos (pulsión y muerte) considerando dos tipologías: la extrovertida o Eros y la introvertida o Thanatos. Jung considera que estas dos tipologías son estables y duraderas, lo que nos permite ponerlas en relación con el temperamento. Para Jung, los extrovertidos interactúan con su entorno y participan de él, mientras que los introvertidos tienen dificultades para relacionarse con el exterior y tienden a encerrarse en ellos mismos y sus circunstancias. En ambos casos, hay grados de aproximación que pueden confundir a las personas en su identificación; por ello, es necesario fijarse en el concepto de «preferencia» para facilitar la elección.

Ya en el final del siglo XX, y abundando en la historia relativa a las personalidades, el psicólogo moderno alemán Hans Eysenck (1916-1997) no sólo considera los tipos de Jung como dos rasgos de orden superior, sino que los amplía examinando la estabilidad de cada temperamento en la relación con los demás. Eysenck realiza una primera división en la que sitúa la introversión en los melancólicos y los flemáticos, mientras que considera la extroversión propia de los coléricos y los sanguíneos. Esta división queda ampliada cuando se da cuenta de  que los coléricos y los melancólicos son mucho más inestables emocionalmente que los sanguíneos y los flemáticos. Según Eysenck, estas diferencias de las personalidades en el campo emocional dependen del sistema nervioso, de por sí muy alterado en tiempos de crisis y agitación económica.

El estudio de los cuatro temperamentos, su nivel de apertura en la relación con los demás y la estabilidad emocional que presentan cada uno de ellos nos aproximará al conocimiento más preciso de nosotros mismos y ampliará nuestra percepción de los que nos rodean.

El próximo jueves iniciaré la descripción de cada temperamento, partiendo del self y llegando hasta el nivel más social. Conoceremos algunas de sus cualidades en el trabajo, en la vida personal, en el liderazgo y en la economía. También haré una aproximación a la vida sexual y en pareja.

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Sabemos lo que somos, pero no lo que podríamos llegar a ser (28)

Decía Shakespeare: «sabemos lo que somos, pero no sabemos lo que podríamos llegar a ser». Los seres humanos estamos en un devenir permanente de inventarnos y reinventarnos en los diferentes contextos de nuestra vida. Desconocemos lo que somos capaces de ser e ignoramos en lo que podríamos transformarnos. Esto nos sitúa en un mundo de posibilidades infinito donde el cambio es la mejor herramienta.

Gestionar lo imperfecto de uno mismo
Antes de iniciar el proceso de cambio cabe observar dos posibilidades:
a) Conocer el camino hacia donde queremos ir y diseñar el plan estratégico para alcanzarlo.
b) Ignorar cuál es la senda a seguir, aunque sabiendo de qué nos queremos alejar y plantearnos cómo lograrlo.
Cada uno de nosotros sentimos esta llamada a la transformación, y aunque somos conscientes de que algunas cosas podemos modificarlas, también sabemos que hay partes de nuestro carácter que son inamovibles. Aristóteles distinguía una doble naturaleza humana en cuanto a cambios se refiere:
a) La primera naturaleza está integrada por todos aquellos aspectos de nuestro comportamiento que no podemos cambiar. Los psicólogos la denominan temperamento, y su función es recoger las acciones automáticas inconscientes.
b) La segunda naturaleza correspondería a aquellos aspectos de nuestro comportamiento que sí admiten cambio, lo que en psicología se denomina carácter, y refleja los valores conscientes.
Es imprescindible distinguir con claridad qué aspectos de nuestra persona son reflejo de una u otra naturaleza. Lo acertado de este diagnóstico nos permitirá centrar nuestros esfuerzos en el éxito del cambio y no en la intención fallida del mismo.
Proponemos un esfuerzo maduro y organizado que esté centrado en esta doble visión. Por un lado, debemos revisar qué conocemos y qué ignoramos antes de hacer un plan de acción, y después diferenciar los comportamientos que son propios de nuestro carácter, y sobre los que tenemos que trabajar activamente. En relación al temperamento, es oportuno averiguar quiénes somos, y aceptarnos plenamente, sin buscar «ser diferentes», que es de todo punto imposible, aunque sí es factible suavizar las reacciones. «Puedes manejar tu cólera y manifestarla en menor grado, pero en ningún caso dejarás de ser colérico», dijo un sabio. «El estéril empeño en transformar la primera naturaleza solo nos conducirá al desánimo», suele resumir el pensador Fernández Aguado.
El propósito de esta dimensión es identificar nuestras imperfecciones, analizando desde un enfoque constructivo nuestras áreas de mejora. Para ello, estudiamos el grado de eficiencia en cuanto a inteligencia emocional, equilibrio, perspectiva, equidad, resistencia, responsabilidad, liderazgo personal, administración personal, beneficio mutuo, comunicación, interdependencia, palancas motivacionales, y mejora continua de la persona.

* El modelo Gestión de lo Imperfecto ha sido creado por Javier Fernández Aguado, y es propiedad de Mind Value. Hune tiene la exclusividad de los derechos de aplicación en España y México
** Temperament and Character Inventory. Cloninger 1993
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