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Comunicación confusa o defectuosa

Un proceso de comunicación bien logrado consiste en la correcta transmisión de información para ejercer sobre el receptor el efecto esperado; la confusión es, por el contrario, la consecuencia de una comunicación defectuosa, que deja sumido al receptor en un estado de incertidumbre o de falsa comprensión» (Watzlawick, 1979). Con estas palabras define Paul Watzlawick los entramados de la comunicación defectuosa, que provoca un estado confuso y perturbado en el receptor, con el consiguiente deterioro en el entendimiento de todas las partes.

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Llamar la atención y pasar inadvertido

Emplear el máximo potencial de nuestra personalidad en aras de los éxitos de nuestras empresas parece a priori un ejercicio sencillo; sin embargo, no lo es. Para llamar la atención, es imprescindible dimensionar coherentemente, y en base a mantener el equilibrio, todas aquellas fortalezas que hacen que los demás  valoren nuestras acciones y  relativicen el impacto de nuestra persona. No se trata tanto de ser el centro de atención por nuestra imagen, sino de que nuestros valores se hagan evidentes cuando los ponemos al servicio exclusivo de nuestra misión.

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Ejemplo de lo que no quiero ser

Estimado Rajoy, ayer fuiste el vivo ejemplo de lo que no quiero ser. Ayer me sentí profundamente defraudada con tu actuación en el debate sobre El Estado de la Nación. Un debate sobre El Estado de la Nación es una oportunidad única para presentarte, darte a conocer, plantear tu estrategia y derrocar al contrario por goleada. En lugar de esto, ayer decidiste desprestigiar a tu oponente, envilecer su gestión y buscar su deterioro político.

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Speakers’ Corner un lugar para debatir (43)

p>Fue en 1872 cuando el Parlamento británico cedió ante las presiones del pueblo y dictó una ley en la que reconocía a Speakers’ Corner como un lugar para el debate público. Todo empezó 17 años antes, cuando en la famosa esquina del Hyde Park londinense tuvo lugar una gran manifestación contra la ley que regulaba las actividades comerciales dominicales (Sunday Trading Bill), y que afectaba principalmente a los pobres. El famoso escritor de El Capital, por entonces corresponsal del periódico alemán Neue Oder-Zeitung, Karl Marx, escribía: «Podemos declarar, sin exagerar, que ayer comenzó en Hyde Park la revolución inglesa». Quizás sí fue un poco exagerada esta afirmación; no obstante, nos indica el impacto internacional que tuvo.

Desde entonces, miles de personas han expresado allí sus opiniones, explicando su disconformidad y luchando por sus derechos. Hoy, un par de siglos después, la esquina de la comunicación sigue siendo un importante baluarte de la libertad de expresión, donde las personas formulan sus protestas ante injusticias sociales o políticas, sus visiones trascendentes de la vida o cualquier otro tema que promueva el debate público.
Speakers’ Corner tiene tintes singulares no sólo por su peso político, sino, y sobre todo, por el protocolo que exige, que tiene su explicación en la Historia. Los activistas iban a Hyde Park con una escalera metálica, una silla, un taburete, o cualquier objeto que les separara del suelo para preservar su integridad física, en peligro por sus imprecaciones hacia los poderes fácticos y las leyes que rechazaban. Subidos en estos objetos, no pisaban suelo inglés, y por ello no podían atentar contra la ley. Esto era cierto siempre y cuando no faltasen al respeto a los oyentes o no generaran bronca.
Después de dos siglos, el Speakers’ Corner sigue vivo. Por aquí y por allá se encuentran exaltados que expresan sus ideas político-religiosas, y los londinenses van de orador en orador buscando el tema que les cautive y les retenga.
El domingo participaron de este singular espacio los alumnos del Curso de Experto en Oratoria, que Hune realiza en colaboración con la Universidad de Alcalá. Después de 6 meses de prácticas, de aprender y debatir, se enfrentaron al discurso público en este emblemático lugar. Doy fe de que lograron agitar a las masas que revoloteaban por los alrededores.
El debate, la pulla política, las discusiones religiosas, los países derrotados por la opresión. Todos los grupos que nos acompañaban creaban un escenario que me hizo rememorar los espacios políticos en los que he nacido. Ideales escondidos detrás de las paredes de un hogar castrado por los miedos. Añoré que hubiese habido en la España de mi infancia un lugar como el Speakers’ Corner, donde mi familia hubiera podido elevarse por encima del suelo y gritar a los vientos del Cantábrico sus ideales sociales.

Inglaterra, como decía Jon en una de sus confrontaciones con el público, respira libertad de expresión. Los ingleses aman debatir, opinar, cuestionarse lo tangible e intangible, lo moral, lo ético… Muchos de los compañeros del Curso de Experto en Oratoria buscaban el tesoro de la verdad entre las palabras de los que levantaban sus sillas por encima de las miradas.

No importaba el tema; las únicas premisas eran que el discurso fuera en inglés y que aportara algo al público. Cuando algún estudiante empezó a hablar de sí mismo, le preguntaban: «¿y eso para qué?». En el momento en que se iniciaron discusiones sobre intereses públicos (la fiesta de los toros española, el poder de los fuertes sobre los débiles, las guerras, las armas nucleares), los presentes escuchaban y rápidamente intervenían. No había sitio para el personalismo. La expectativa estaba en escuchar puntos de vistas movilizadores y discutirlos.

Un Speakers’ Corner en Madrid, donde aprendiéramos a respetar todo tipo de opiniones y a cultivar el debate, podría engrandecer nuestras fronteras mentales.

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