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Leemos y escribimos mucho más

Dolors Reig escribe en el post de ayer, en su  blog El caparazón, sobre la investigación que ha realizado Andrea Lunsford, profesora de la Universidad de Stanford, acerca de la influencia que están teniendo las nuevas tecnologías en el modo de escribir de los estudiantes que acuden a sus clases de retórica y escritura.

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La escuela de vida. Para pensar y ser más felices (185)

Mejorar la calidad de vida de los londinense es lo que pretende The school of life. La escuela de la vida lleva dos años funcionando en el barrio literario de Bloomsbury en Londres. Este centro, orientado a mejorar la calidad de vida de sus alumnos, es una de las tendencias de moda entre la sociedad londinense.

La escuela de vida. Para pensar y ser más felices (185)Dentro de las actividades que esta escuela tiene previstas para la semana próxima están: How to Make a difference, How to read, How To Be A Good Friend, Love weekend y un amplio etc. en el que encontramos la aussie pokies online más variada oferta para alcanzar notables progresos en nuestras relaciones sociales y convertirnos en mejores amigos, así como aprender a profundizar en los libros e ir más allá de la simple lectura. Si esto fuera poco, también generan tertulias gastronómicas con sobremesa, donde se enseña el arte de la buena y estimulante comunicación.
Los creadores consideran que en estos tiempos de crisis, el conocimiento será el nuevo poder. La periodista Patricia Tubella escribe en El País: «Los estudios psicológicos insisten ahora más que nunca en que dedicar parte de nuestro tiempo al mero placer de pensar en ideas o propósitos es esencial para llevar una vida feliz».
Esta atípica escuela propone encarar nuestra vida de una forma diferente, en un entorno en el que la sociedad vive obsesionada por el prestigio, los famosos, las inquietudes más lúdicas y más irracionales. Sus creadores nos proponen centrarnos en cosas más profundas y con mayor valor en el tiempo.-
El público objetivo al que van dirigidos estos programas es a todos aquellos que estén abiertos a aventurarse por nuevos caminos del pensar y el razonamiento.
Hombres y mujeres de las letras, el periodismo, el saber y el contar están unidos en esta visión novedosa y confrontante, entre el ser humano superficial y el que sabe que la vida tiene un sentido más transpersonal. Para ello debemos cuestionarnos la vida y su sentido, independiente de creencias o ideales.
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La conciencia de los niños (114)

J. F. tiene 12 años. El pasado domingo estuvimos trabajando sus dificultades para concentrarse y obtener mejores resultados curriculares. Me explicó que empleaba muchas horas de estudio con muy poco éxito. Quería conocer por qué le sucedía y qué medios tenía para cambiarlo.

Iniciamos la tarea analizando sus valores más sobresalientes para conseguir las metas que nos habíamos propuesto. Dividió su auto observación en dos campos bien delimitados. Por un lado eligió diez valores que tenían que ver con su carácter. Entre los diez seleccionó los tres más significativos para él: sinceridad, amor y bondad.
 
J. me explicó que todos faltábamos un poco a la verdad, pero que la sinceridad era una de sus mayores fortalezas. El amor tenía la suerte de recibirlo con creces de sus padres, y él pensaba que era una persona bastante bondadosa.
 
La conciencia de los niños (114)
 
El muchacho diferenció algunas cualidades imprescindibles para su mejor desempeño en el colegio. Opinaba que eran prioritarias cuatro: concentración, atención, paz en la casa (que le facilitaría el estudio) y respeto a su espacio vital. También estimó con una nota muy alta la eficacia, el confort y la inteligencia. Para el crío su área de mejora era la eficacia. Estimaba que el estudio no resultaba suficiente. Buscaba que los resultados fuesen muy positivos, y no siempre lo lograba. Esto le desesperaba bastante, y aún más cuando se comparaba con compañeros que tenían magníficos resultados con menor esfuerzo que el suyo. Ahondando en estas opiniones (le hice hincapié en que eran muy discutibles; él no podía conocer el trabajo que sus compañeros realizaban para alcanzar sus éxitos) llegó a la conclusión de que sería mucho más eficaz si pusiera más atención a las explicaciones de sus profesores y se concentrase en el estudio. Reconoció que su mente volaba fuera de los libros muy a menudo.
 
Ante el juego que yo llamo «Tengo – quiero», J. pormenorizó  sobre los dones y cosas que tenía y no quería perder, entre los que señaló la familia, su personalidad cariñosa y su gran sensibilidad. Este último don es un bien muy amado para el muchacho. Por lo visto, su espíritu sensible le favorece la relación y la comprensión con su grupo de amigos.
 
En el apartado de «Quiero pero no tengo», reapareció la concentración como una de sus grandes metas. Conseguir estudiar bien era su segunda preferencia, y por último lo que le pedía a la vida era «Un gran amigo que me comprenda siempre, haga yo lo que haga. Sé que es difícil, pero me encantaría conseguirlo».  
 
J. se quedó unos segundos quieto, me miró muy serio, y me dijo con una voz muy profunda: «Sé que a todos nos molesta ir al colegio y estudiar, pero hay muchos niños que darían su vida por poder hacerlo. Quisiera agradecer a Dios esta oportunidad que me da de acudir a un colegio».
 
La impresionante colaboración de J. favoreció los ritmos de este estudio y entramos en el siguiente apartado, en el que observamos todas las cosas que tiene pero no le gustan y quisiera cambiarlas. J. quiere suprimir de su vida a un profesor. Desea un hada madrina para hacer desaparecer a un maestro que le deja en evidencia y le ridiculiza ante sus compañeros. Nada es tan importante como lograr esto. Después quiere que la tensión con sus hermanos menores y el mal humor que muchas veces acarrea se volatilicen. J. pensaba que era un poco envidioso. Esto no le molestaba, porque era una forma de expresar su admiración por algunos de sus compañeros e ídolos del momento. Sobre todo deportivos. Quiere llegar a ser un gran futbolista, como C. R.
 
J. me dijo que había cosas que no tenía y que tampoco anhelaba, como la falsedad, la maldad o la pobreza. «Aunque Joaquina, me gustaría probar a ser pobre porque la gente debe de sufrir mucho por ello, y yo quisiera comprenderles.»
 
Feliz día para todos los padres del mundo que han educado a muchachos como J. F. Él quiere experimentar de alguna forma la pobreza para comprender a todos los seres del mundo que hoy sufren por su miseria. Si algún día fueras presidente, por favor, J., no olvides tus ideales de hoy.
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Profesora de Matemáticas. Escribir cosas valiosas (99)

Cierto día, una profesora pidió a sus alumnos que pusieran los nombres de sus compañeros de clase en una hoja de papel, dejando un espacio entre nombre y nombre.
Después les pidió que pensaran en la cosa más valiosa que pudieran decir de cada uno de sus compañeros, y que lo escribieran debajo de su nombre. Empleó el resto de la clase para la tarea encomendada. A medida que los alumnos dejaban el aula, entregaban a la maestra la hoja de papel.
Durante el fin de semana la profesora escribió el nombre de cada uno de sus alumnos en hojas separadas de papel y copió en ella todas las cosas valiosas que cada uno de sus compañeros había escrito acerca de él.
Escribir cosas valiosas. La profesora de Matemáticas (99)
El lunes entregó a cada alumno su lista. Casi inmediatamente toda la clase estaba sonriendo. «¿Es verdad?», ella escuchó a alguien diciendo casi como en un susurro. «Yo nunca supe que podía significar algo para alguien», y «Yo no sabía que mis compañeros me querían tanto» eran los comentarios.
Nadie volvió a mencionar aquellos papeles en clase. La profesora nunca supo si comentaron su contenido con alguno de sus compañeros o con sus padres, pero eso no era lo importante. El ejercicio había cumplido su propósito. Los alumnos estuvieron felices consigo mismos y con sus compañeros.
Aquel grupo de alumnos siguió adelante y progresó. Varios años más tarde, uno de los estudiantes murió en Vietnam, y la profesora asistió a su funeral. No había visto antes a un soldado en su ataúd militar. Su cuerpo inerte era hermoso y recio, de hombre.  Sus amigos llenaban la iglesia. Uno a uno, aquellos que tanto lo apreciaban caminaron silenciosamente para despedirle.
La profesora fue la última en acercarse al ataúd. Mientras estaba allí, uno de los soldados que actuaba como guardia de honor se acercó a ella y le preguntó: «¿Era usted la profesora de matemáticas de Marcos?». Ella balbució: «Sí». Entonces él dijo: «Marcos hablaba mucho acerca de usted».
Después del funeral, la mayoría de los ex compañeros de Marcos fueron juntos a una merienda. Allí estaban también los padres de Marcos, obviamente deseando hablar con su profesora. «Queríamos mostrarle algo», dijo el padre, sacando del bolsillo una billetera. «Lo encontraron en la ropa de Marcos cuando murió. Pensamos que tal vez usted lo reconocería.» Abriendo la billetera, sacó cuidadosamente dos pedazos de papel gastados y arreglados con cinta, y que se veía que había sido abierto y cerrado muchas veces. La profesora supo al primer vistazo que se trataba de  la hoja en la que ella había registrado todas las cosas valiosas que los compañeros de Marcos habían escrito acerca de él.
«Gracias por haber hecho esto» dijo la madre de Marcos. «Como puede ver, Marcos lo guardaba como un tesoro». Todos los ex compañeros de Marcos comenzaron a juntarse alrededor. Carlos sonrió y dijo tímidamente: «Yo todavía tengo mi lista. La tengo en el cajón de mi escritorio». La esposa de Felipe dijo: «Felipe me pidió que pusiera el suyo en el álbum de casamiento». Marilyn dijo: «Yo tengo el mío también. Está en mi diario». Entonces Victoria, otra de sus compañeras, metió la mano en su cartera y sacó una billetera. Mostró al grupo su gastada y arrugada lista. «Yo la llevo conmigo todo el tiempo. Y creo que todos hemos conservado nuestras listas». En ese momento, la profesora se sentó y lloró. Lloró por Marcos y por todos sus compañeros, que no lo volverían a ver.
Ejercicio dirigido a formadores, maestros, jefes, etc.
Os propongo que realicéis este trabajo primero con todos los amigos que tengáis. Dadles una nota con todas las cosas valiosas que posean. No les deis explicaciones. Simplemente entregadles la nota.
Si lo preferís, enviadlo por internet. Lo importante es que todas esas personas conozcan los maravillosos dones que vosotros habéis percibido en ellos y que hasta ahora no habéis expresado. Decidlos todos. No dejéis en vuestro tintero ninguna hermosa cualidad que veáis en el otro.
Cuando lo hayáis hecho con los amigos, aprovechad el ejercicio para vuestro trabajo. Para las aulas de formación. Para vuestras escuelas. Enseñad a vuestros alumnos a expresar a sus compañeros lo bueno que ven en ellos. Esperad a que esté avanzado el curso; entre tanto, hacedlo con vuestros amigos.
Preparad y buscad el momento más apropiado para que el ejercicio sea inolvidable.
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Aprender generando hábitos (38)

Querid@s madres y padres:

La pregunta que ahora mismo nos inquieta a muchos de nosotros es: ¿por qué nuestros hijos han suspendido? ¿Qué les lleva a perder la motivación y el interés por el estudio? Fuera de que es una situación histórica, es decir, que siempre se ha dado, y que además, y previsiblemente, seguirá ocurriendo en el futuro, creo que hay ciertas cuestiones que nos pueden dar pistas sobre el qué y el cómo resolverlo.

Supongo que los que tenéis niños pequeños estáis más ajenos a estas situaciones; sin embargo, es en esta etapa donde deberíamos conocer  y realizar pequeños cambios para que el resultado a posteriori fuera el que pretendemos todos: lograr que nuestros hijos sean felices, efectivos y llenos de metas realizables y útiles para ellos.

El primer pilar de la educación. La enseñanza a través de los hábitos.

El niño va evolucionando en su aprendizaje, y cada avance que realiza debe estar conformado por el modo en el que es capaz de agregar conocimientos. Muchos de nosotros obviamos que, durante parte de sus primeros años de vida, el aprendizaje no existe, y nos debemos centrar en la enseñanza. Es decir: es más importante que el alumno sepa repetir lo que ve y le explica un docente, progenitor o cualquier adulto que esté en su entorno, que buscar que entienda  o analice lo que sucede, más propio del aprendizaje.

Este primer tiempo de la vida de nuestros hijos debería emplearse en enseñarles a vivir en un medio que no siempre resulta cómodo y seguro. La vida en la naturaleza, el descubrimiento de sus potenciales vitales, la incorporación de disciplinas sobre las horas de sueño, la comida y la higiene, les ayudarán a confiar en sus propias fuerzas y a desarrollar hábitos que permanecerán en el tiempo.

Dentro de los modelos pedagógicos, el que corresponde a este periodo infantil, sobre todo en los primeros 8 años, es el aprendizaje por repetición. El énfasis estará en la memorización de conceptos y en su aplicación a la vida real. No se consideran los códigos propios del contexto al que pertenece cada estudiante, sino que ellos deben asimilar un código considerado como «correcto». El portador del código es el docente que, dentro de este modelo pedagógico, sostiene una relación autocrática con el alumno, ya que impone cierta forma de ver el conocimiento y el mundo. El estudiante escucha al profesor y se convierte en un ‘recipiente’ de lo que él o ella transmite. Posteriormente, el docente buscará que el alumno entienda las conexiones que existen entre el mundo del conocimiento y su aplicación a diferentes contextos con el fin de abrir su mente a procesos de interrelación.

Fuera de si eso nos parece correcto  o no, lo que es importante es la similitud que tiene esta enseñanza con la prioridad de que el niño sepa obedecer y respetar a la autoridad fortaleciendo su voluntad e incorporando valores del entorno, la familia y él mismo.

Este proceso exige confiar en el infante, descubrir sus competencias y ampliarlas con los ejemplos de los adultos más cercanos a él. El niño tiende a repetir todo lo que ve y observa, exento de juicios y de individuación para saber defenderse ante situaciones que exigen prudencia y voluntad.

Acelerar este proceso sólo debilita la capacidad de esforzarse, porque para ello es imprescindible la voluntad, la creencia en sí mismos y la motivación constante. Cuando vemos en nuestros pequeños potenciales que no han desarrollado plenamente, les generamos igual o mayor desconfianza que cuando les consideramos torpes sin serlo. El equilibrio entre lo que pueden y no, es la mayor garantía de su desarrollo futuro.

Incidimos en la necesidad de que nuestros niños de 0 a 8 años aprendan rutinas que se conviertan en hábitos de éxito para él y para todo su hábitat más próximo. Ahora bien, muchos nos encontramos con muchachos mayores que fracasan y no sabemos cómo resolverlo. Propongo que primero descubramos si hemos incitado a la obediencia y cubierto los pasos anteriores para que, con esos datos, podamos decidir qué hacer. Así mismo, que comprobemos en nosotros mismos, la relación que mantenemos con la autoridad.

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