Seguimos profundizando en los sistemas representacionales de la PNL, tema que iniciamos en el post 52.
¿Eres capaz de memorizar esta secuencia en 30 segundos?
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Si lo has conseguido quiere decir que tienes una memoria visual muy poderosa, a no ser que la hayas repetido en voz alta o hayas recurrido al escrito para recordarla.
Sobre las personas a las que les resulta fácil memorizar fotos, ciudades, caras, aunque luego no recuerden los nombres de los lugares, o las fechas en las que estuvieron allí, se dice que tienen un mapa representacional visual. Para ellos, una imagen vale más que mil palabras. Cuando conversan emplean verbos como ver, mirar, visualizar, examinar, imaginar, enfocar, observar. También podemos identificarles por palabras como: interior, oscuridad, espejismo, imagen, ilustrar, reflejo…
Los visuales hacen construcciones tales como: «Ya veo lo que quieres decir», «Tras la sombra de la duda», «Esto dará luz a la cuestión», «Es interesante este modo de ver el mundo».
Además de su preferencia por las imágenes podemos descubrir a un «visual» porque suelen hablar rápido y con un tono de voz más alto de lo normal. Algunos estudiosos dicen que les «falta música y ritmo». El hecho es que las imágenes se suceden con rapidez en su cerebro y las comunican con prisa para poder seguirlas. No se recrean en modular la voz y endulzar las palabras, porque perderían parte de los fotogramas.
Otro aspecto que podemos observar es el ritmo respiratorio. Los visuales, debido a la velocidad comunicativa, se habitúan a inspiraciones rápidas y superficiales. Notaremos que no elevan la caja torácica y que no expanden el abdomen. Con frecuencia padecen tensión muscular, particularmente en los hombros, porque elevan la cabeza y la tiran un poco hacia atrás, como si estuvieran retando a los interlocutores. El ánimo no está en retar, sino en conseguir una visión amplia del entorno y, como decíamos en el post anterior, en acceder a sus propios recuerdos mirando hacia el techo.
Hasta aquí hemos establecido generalidades que de alguna manera todos empleamos. Ahora vamos a penetrar más profundamente en el sistema. Proponemos el siguiente ejercicio:
Busca un rincón retirado para evitar las interrupciones. Es imprescindible desconectar el teléfono móvil. Ahora cierra los ojos y piensa en algo agradable. En una escena que te resulte grata. Examina cualquier imagen que tengas de ella, y define el modo en el que lo haces:
- Asociado: la contemplas como si la vieras con tus propios ojos. Participas de la escena y formas parte de ella
- Disociado: la observas desde otro lugar y tú te ves dentro de la imagen. Te desdoblas como espectador y actor de la escena.
- Enmarcado: ves la imagen limitada a un contexto concreto
- Ilimitada: el fotograma tiene un espacio sin bordes y abierto
- ¿Es en color?, ¿está fija o se mueve?, ¿es en 3D o plana como una foto?
Esto es lo que en PNL se llama submodalidades, y nos llevan a profundizar un poco más en el sistema representacional. Las submodalidades visuales son, además de las que hemos visto en el ejemplo, el brillo, el contraste, la claridad, la velocidad y el tamaño. Estas submodalidades nos ayudarán a posicionarnos en este mapa o a descartarlo.
Las personas que son visuales tienen las máximas posibilidades sensoriales. Pueden crear imágenes con todo lujo de detalles. Cuando esta preferencia es más débil, sólo se cubren las especificaciones básicas.
Para definir más profundamente y eliminar las posibles dudas podemos contestar a estas preguntas: ¿creo imágenes en mi cabeza?, ¿tengo imágenes en la cabeza mientras hablo o escucho a alguien?, ¿puedo ver lo que me dicen?
El visual, cuando se relaciona con los demás, está más pendiente de lo que ve que de los otros. Su localización de las diapositivas cerebrales y su explicación oral exige mucha concentración y muy poca interrelación.
Las personas visuales tienden a desconfiar de todo aquello que no ven o que piensan que no podrán ver. Si cuando van a comunicarse se posicionan con los pies y piernas abiertas y los brazos a los costados (como si fueran a extraer un arma), casi seguro que su forma de acceder a la comunicación es a través de las imágenes. El visual se mueve con brusquedad y está pendiente de sí mismo para no despistarse con sus imágenes mentales. Sus movimientos son escasos. Puede mantener una larga conversación con los brazos caídos a lo largo del cuerpo, o en ocasiones apretarse las manos por inquietud.
Para un visual es importante captar la atención y obtener el reconocimiento. Un feedback muy valorado para un visual sería: “¡Qué bien te vi! Me imaginaba que eras muy competente, y aún así me has sorprendido muy favorablemente. Me llevo una imagen ampliada de tus enormes capacidades”
La próxima entrega seguiremos hablando de los mapas representacionales. Esperamos que sea de vuestro interés.
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La llave maestra para detectar si somos de preferencia colérico es: ¿nos motiva hacer varias cosas a la vez aunque no estén perfectas? El colérico prefiere hacer las tareas con celeridad y un 80% de precisión a detenerse en la búsqueda de la corrección al 100%. Descubrir esta clave del temperamento colérico nos abre un doble visión: por un lado, entendemos el malestar que provocamos cuando presentamos trabajos con fallos (algunos descomunales), y por otro, si no somos de este temperamento entenderemos un poco más la propensión de los coléricos a hacer mucho, aunque poco bueno, y desde luego nada perfecto. El colérico piensa que la búsqueda de la perfección en las ocupaciones es poco práctica, además de imposible, lo que le lleva a ser pródigo en errores, que en muchos casos es incapaz de detectar.
Dentro de las funciones principales de las proteínas están aquellas que tienen un comportamiento dinámico como las de: defensa, transporte, 



Para saber si eres o no flemático, es fundamental contestar a esta pregunta: ¿te muestras imperturbable cuando todo a tu alrededor está agitado? Evidentemente, hay niveles para esta respuesta; sin embargo, intenta recordar si tus amigos, y más aún tus parejas, se quejan de que «parece que pasas de todo y que nada te importa».
La madre tierra, en su semejanza con la madre protectora, tiene como función primordial el amor y el cariño. Tener una «buena madre» es ante todo sentirse protegido de la intemperie y el esfuerzo. La madre nutre y aleja de nosotros los miedos a la hambruna y al vacío de los afectos. Su hombro nos libra de la batalla y su cariño nos quita el temor a la soledad. La madre nos nutre de dulce, y de él extraemos la energía para todo lo que el día y la vida nos depare.

