No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas.
Varias de mis amigas son educadoras y profesoras de niños de casi todas las edades. Llegados los meses de mayo y junio, se encargan de organizar actividades extraescolares donde los niños actúan, cantan, bailan y realizan experiencias que están abiertas a la familia. La mayoría de los padres acuden a estos actos deseando que sus hijos muestren sus habilidades artísticas.
Una de estas amigas me contó que había preparado una representación para niños de 5 a 8 años. Las tareas que desarrollaron fueron: en primer lugar, el posicionamiento en el espacio teatral respetando la ubicación de sus compañeros (unos dieciocho); en segundo, la realización de movimientos acompasados al sonido de la música, y, para acabar, el ejercitar el trabajo en equipo sincronizando unos con otros. Me comentó mi amiga que tuvieron necesidad de improvisar por la incorporación de una niña que no estaba prevista, con un resultado fantástico.

Una de las técnicas más sobresalientes en este trabajo actoral es la “estatua”. En ella, el protagonista permanece quieto y en silencio durante unos instantes antes de iniciar un nuevo movimiento. Éste ha sido uno de los ejercicios menos comprendido por algunos de los padres.
Posiblemente estos padres no han entendido que ciertos métodos, aplicados a la edad correspondiente, provocan un impacto de gran repercusión en etapas futuras. Las edades comprendidas entre los 5 y los 8 años son proclives al excesivo movimiento y a la inquietud. Enhorabuena a este grupo de niños que han logrado realizar la “estatua” en grupo, hecho que representa un éxito increíble.
Si nuestros hijos supieran permanecer en silencio, moverse cuando la ocasión lo requiera, respetar el lugar de los otros y aceptar la incorporación improvisada de un compañero de forma natural, seguramente se evitarían muchos de los fármacos recetados para que los niños se mantengan quietos.
A los padres les pediría que centren sus objetivos en que sus hijos desarrollen habilidades de menor impacto en el presente, y sin embargo, de enormes beneficios para el futuro, y que valoren los medios para lograrlo.
Al final, lo importante es que los niños consigan solidificar su poder y elevar su autoestima desde el conocimiento de sus capacidades y aceptación de sus limitaciones.
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En este momento intervino su hermana P., quien nos acompañaba, con el fin de revisar conjuntamente su vida familiar. P. se sentía airada y algo molesta ante el pesimismo de las palabras de su hermano. «Es increíble, tu nieto Jorge ha ofrecido dejar el uso del chupete en su bautismo y desde esa fecha todas las mañanas, cuando se levanta, dice eufórico y feliz: Esta noche he dormido sin chupete.»
Henry Young, lucha por salvarle de la pena de muerte sin considerar las consecuencias emocionales que tendría para su defendido el hecho de que el jurado le librara de la pena máxima, con la consecuente vuelta a La Roca.
«Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad», me impelen a elevarme por encima de mis ridículas protestas, de las quejas absurdas o de las penurias imaginarias que cada día fabrico para evadirme de mis responsabilidades.
Ahí es donde estáis vosotros ahora. En ese último tramo de la carrera que es el definitivo, el que tendréis que defender el septiembre ante un tribunal de la universidad. Es el recuerdo que dejareis de vuestro paso por Hune. Es lo que futuros alumnos pueden tener de referencia para sus trabajos. Ha llegado el momento del empujón final. ¡Ánimo!