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La educación y sus beneficios (166)

Se cuenta que el político y orador ateniense Licurgo (396 a. C.), discípulo de Platón y de Isócrates, fue invitado a dar una conferencia sobre educación. Licurgo aceptó la invitación, pero pidió un plazo de seis meses para prepararse.

El hecho causó extrañeza, pues todos conocían que él tenía capacidad y condiciones para hablar en cualquier momento sobre el tema. Por eso lo habían invitado.
Transcurridos los seis meses, Licurgo compareció ante la Asamblea, que estaba expectante.El orador se ubicó en la tribuna, y enseguida entraron unos criados portando cuatro jaulas.En cada una había un animal; en total, eran dos liebres y dos perros.
A una señal preestablecida, uno de los criados abrió la puerta de una de las jaulas y una pequeña liebre blanca salió dispara y espantada.Luego, el otro criado abrió la jaula donde estaba uno de los perros, y éste salió raudo a la captura de la liebre.La alcanzó con destreza, despedazándola rápidamente.
La escena fue espantosa y afectó a todos los presentes. Una gran conmoción dominó a la Asamblea. Nadie comprendió lo que Licurgo deseaba con tal agresión.Licurgo no explicó cosa alguna y volvió a repetir la señal establecida, y la segunda liebre fue liberada de su jaula.Enseguida dejaron libre al otro perro.
El público contuvo la respiración. Los más sensibles taparon sus ojos para evitar ver la muerte del indefenso animal, que corría y saltaba, ignorante de lo que le esperaba.
En el primer instante, el perro embistió contra la liebre; sin embargo, en vez de destrozarla, la tocó con la pata y la liebre quedó bajo su pata. De inmediato la soltó y esta se irguió y se puso a jugar con el perro.
La educación y sus beneficios (166)
Para sorpresa de los allí presentes, ambos animales mostraron tranquila convivencia, saltando de un lado para el otro.
Entonces Licurgo habló:
«Señores, acabáis de asistir a una demostración de lo que puede la educación. Ambas liebres son hijas de la misma matriz. Fueron alimentadas de igual manera y recibieron los mismos cuidados. Y lo mismo los perros. La diferencia entre ellos reside únicamente en la educación.»
Y prosiguió vivamente su discurso, exponiendo las excelencias del proceso educativo:
«La educación basada en una concepción exacta de la vida transformaría la cara del mundo. Debemos educar a nuestro hijo, esclarecer su inteligencia, pero, ante todo, debemos hablar a su corazón, enseñándole a despojarse de sus imperfecciones. Recordemos que la sabiduría por excelencia consiste en volvernos mejores.»
Esta historia, que no importa si es verdadera o no, nos enseña la diferencia entre vivir nuestros instintos o aprender a emplearnos para nuestro bienestar. Licurgo necesitó 6 meses para adiestrar a los animales. La necesidad que tenemos de resultados rápidos nos impide vivir grandes experiencias de mejora personal y de triunfo social.
Quizá esta historia os anime a comprobar los óptimos resultados cuando educamos, a nuestros hijos y a nosotros mismos, con disciplina, estimulamos la voluntad, orientamos la motivación beneficios sociales.. . Un contrato de seis meses puede elevar nuestra ética y avivar nuestra responsabilidad con los demás
Vuestros comentarios serán muy valiosos hoy.
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Constructivismo. Cont. (54)

En el post 49 explicamos la importancia del crecimiento en el razonamiento independiente de un niño. Queremos ahora exponer los estudios que se han realizado sobre el modelo constructivista. También hablaremos de enfoques distintos que amplían y fortalecen dicho modelo.
A partir de los años 60, las ideas que habían desarrollado el suizo Jean William Fritz Piaget (1896 – 1980), y el bielorruso Lev Semionovich Vygotsky (1896-1934), revolucionan la visión sobre el aprendizaje, ampliando la visión de Skinner y Albert Bandura, que partían de que todos los aprendizajes se realizan desde la asociación de estímulos y respuestas.
La diferencia más notoria que plantean estos autores es que: todas las partes cognitivas de cada individuo son una construcción propia que se va produciendo todos los días como resultado de su interacción entre sus disposiciones internas y el mundo que le rodea.
Esta hipótesis supedita el aprendizaje del individuo en general, y del niño en particular, al proceso evolutivo y al equilibrio y receptividad que mantiene el hombre con su mundo, pues va a depender de ello la adquisición del conocimiento, tanto en el nivel cognoscitivo como social.
El tercer pilar de la educación. La enseñanza a través del constructivismo. Cont.
A este modelo de aprendizaje se le llamó constructivista, y son Piaget y Vigotskyquienes presentan dos modos de entender el proceso cognitivo constructivo, sobre los que apoyamos nuestro enfoque sin excluir a ninguno. Lo que aquí nos interesa es la suma de ambos como una parte del todo educativo al que queremos llegar:
Aprendizaje Endógeno: Piaget, autodidacta, partió del estudio exhaustivo de sus hijos durante su crecimiento y evolución. Sus conclusiones determinan que aprendemos por etapas consecutivas, y que la compleción de una favorece el avance de la siguiente. Piaget dice que la panacea del conocimiento está en la adaptación. El niño aprende algo que le provoca cierta tensión que precisa asimilar, y cuando lo ha hecho, adapta estos nuevos conocimientos a su comportamiento, y va acomodando los nuevos datos a los que ya tenía. Este incremento de información va favoreciendo la realización de nuevas y más complejas tareas. Piaget consideraba que, para que este conocimiento fuera real, era imprescindible encontrar las relaciones entre los diferentes conocimientos. Piaget desarrolló la teoría de los estadios, que resulta interesante para comprender todo su pensamiento.
Aprendizaje sociocognitivo: El representante por excelencia de este modelo es Vigostky, quien consideraba que sin entorno no era posible el aprendizaje (Mario Carretero, en su libro Constructivismos y educación, lo llama sin amigos no se puede aprender). El investigador bielorruso considera que el conocimiento es el producto de la sociabilización del individuo, y no de un trabajo individual. Es más, sostiene que educar es una actividad que se ejerce desde la colaboración de muchas partes que influyen en los resultados, y por ello propone métodos dinámicos y heterogéneos. En cada aprendizaje, el niño va construyendo su conocimiento, y los adultos que participan en esta enseñanza ayudan a que ese proceso sea viable y exitoso.
La llegada de los diez años y la próxima salida a la sociedad hacen del niño un receptor de sensaciones un tanto desequilibrantes que precisan de conocimientos personales y de la adquisición de mecanismos que le apoyen y le permitan un desarrollo secuencial, en el que se sienta seguro y confiado. Lograr estos objetivos requiere ante todo tener estructuras mentales cognitivas y que el adulto facilite que el niño mantengan su motivación focalizada en descubrir por sí mismo las respuestas.
Recordemos que el niño construye su conocimiento a medida que interactúa con la realidad circundante, hecho este que será mucho más efectivo si hemos mantenido sus hábitos y fortalecido sus conductas mediante estímulos de refuerzo.
Este modelo constructivista exige adaptación y relación con los demás, y para ello los padres y educadores debemos fortalecer al niño/joven para que incorpore conocimientos y los comparta con su entorno más cercano en un primer estadio, para luego ir ampliando su campo de actuación paulatinamente.
De algún modo es primordial que se produzca un desapego familiar que fragmente el área de confort del muchacho y le movilice hacia nuevas metas.
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Íntimo y personal. Cuando el alumno aventaja al maestro (53)

“Lo que jamás debemos olvidar en el mundo de las noticias es que sólo somos buenos si las noticias que damos lo son.”
Tally Atwater
El film de Jon Avnet, Íntimo y personal, (Up Close & Personal), que el sábado se emitió en Tele 5, se inicia con una entrevista a la exitosa reportera Tally Atwater (Michelle Pfeiffer), en la que el entrevistador le sugiere que cuente alguna de las anécdotas de sus comienzos profesionales, un estupendo símbolo para que nosotros vayamos, a la par que analizamos la película, revisando nuestra procedencia, los puntos clave de nuestro devenir que nos han situado en nuestra posición actual, y el reconocimiento a los benefactores que nos la han posibilitado. Todos llevamos un Warren (Robert Redford) en el maletín de nuestros recuerdos.
Tally siempre supo que quería tener éxito, y para logarlo preparó una prueba que remitió a más de treinta cadenas de televisión. Sólo le contestó una de Miami, la WMA. Cuando Tally acudió a la entrevista, mostró algunos de los errores de una principiante: ropa inapropiada, excesivo deseo de agradar con la consiguiente falta de naturalidad, nervios…; sin embargo, estaba impulsada por lo que no puede faltar para lograr el éxito: un deseo de aprender ilimitado, aceptación de su ignorancia y disposición al trabajo y al esfuerzo que exigía su triunfo.
Íntimo y personal. Cuando el alumno aventaja al maestro
Cuando Warren le preguntó qué esperaba encontrar allí, la respuesta fue rotunda y firme: «Creo que puedo aprender todo». A partir de este momento, el experto reportero inició una revisión descarnada del trabajo realizado por la aspirante, y le designó funciones de administración y base de datos dentro de la gestión de la cadena, amén de traerle el café, recogerle la ropa… Fue pasando el tiempo y Tally seguía entregada a la causa administrativa, sin olvidar sus aspiraciones como presentadora, que aprovechó cuando surgió una vacante en la sección del tiempo.
Su jefe le ofreció la oportunidad, que resultó un fracaso rotundo; sin embargo, Warren, extraordinario observador, vio en ella su gran potencial como reportera. Tally «se come la cámara»: este era un argumento muy sólido sobre el que iniciar un camino de maduración, aprendizaje e intervención. Y desde ese momento, Warren se convierte en su mentor, aquel que alivia sus miedos y le confronta con ellos, el que rectifica sus actuaciones y, sobre todo, el que pone el foco en lo importante y le enseña a abstraerse de sí misma, del entorno, de todo aquello que no tiene sentido. Warren y Tally pasan horas interminables revisando el trabajo de ella, buscando mejorarlo y fortalecerlo
Hay dos momentos magistrales: uno, cuando cubre la muerte de dos cubanos en las playas de Miami, y dos, cuando hay una sublevación en una cárcel. En ambos, Tally piensa en los hombres, en sus vidas, en aquello que provoca que el espectador se movilice y vibre con los reportajes. Tiene presente todo aquello que aprendió día a día junto a su maestro, el hombre que se olvidó de sí mismo mientras que le daba pautas y le enseñaba a entregarse por encima de todo, arrinconando el terror y obviando el peligro de su profesión. Warren había trasformado a su alumna en una réplica mejorada de sí mismo.
Tally se convirtió en la mejor, y su ascenso sólo fue posible porque aprendió a conocerse, y desde ahí conformó sus deseos, sus ilusiones, su propósito vital, aceptando sus progresos y viviéndolos con total humildad, repasando sus trabajos con su mentor hasta que estuvo preparada para saltar al vacío del triunfo, mientras que Warren luchaba con la disyuntiva de seguirla o retornar a su vida activa con una propuesta peligrosa que consideraba su «última oportunidad».
«Cada día que tenemos es un día más de lo que merecemos»: así se despidió Warren para siempre de su alumna, compañera, esposa… Entregándole la última lección. Cada día tenemos una oportunidad de cambio irrepetible y única, donde convergen todas las posibilidades de aprendizaje y de generosidad para compartir con nuestro equipo y con nuestros amigos.
Tally dice: «Estoy aquí para dar la noticia. Mi marido me lo enseñó, y de eso no hace tanto… ».
Ciertamente, estamos aquí para hacer bien nuestra labor. Ese trabajo que hemos elegido hace tiempo o que estamos a punto de decidir ahora. Un espacio donde alguien cubrirá el puesto de Warren, ese profesor que nos indicará lo mejor de nosotros para entregar lo más favorable de nuestra faceta personal y profesional.
Gracias a cada uno de los muchos Warren que han existido en mi vida. El mejor, mi padre Joaquín.
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Constructivismo (49)

p>En el post 44, dedicado a la familia, veíamos cómo a partir de los 8 años el niño empieza a reaccionar ante los impulsos externos buscando su espacio, y establecimos la necesidad de implementar un modelo «pedagógico» conductista, que colaborase con el crío para construir su estabilidad emocional a través de la apertura de canales novedosos de mirar el mundo. La meta de ese modelo era conformar la conducta.

Ell tercer pilar de la educación. Constructivismo
Ya casi con 10 años, cuando se aproxima la ruptura con la familia y el inicio de una vida social participativa, y de alguna manera conflictiva, el niño necesita tener incorporadas respuestas propias ante estos nuevos retos. Si bien el «modelo por repetición» le aportó confianza porque asentaba sus valores ante las costumbres y modos heterogéneos del entorno, no cabe duda de que se va a sentir desorientado cuando choque con otros valores de tinte muy diferente a los suyos y que no ha vivido, ni visto, durante su evolución en el seno familiar. Este proceso, propio de la etapa de 10 a 12 años y que se proyecta en los años juveniles, exige herramientas para construir su propio camino. El niño precisa dos fuentes de las que beber y nutrirse: la familia y la enseñanza.
El material didáctico lo forman los hábitos e integración de sus propias rutinas, así como el aprendizaje de conductas recibido de sus educadores y de las relaciones próximas, quienes son supervisores e incitadores de las actuaciones que se esperan del muchacho. Ahora bien, el crío necesita avanzar y empezar a practicar escenarios nuevos en los que pueda experimentar qué sucede y por qué sin respuestas ajenas a sí mismo. Sin este proceso, la confianza que se había logrado anteriormente pierde consistencia, y aparecerán crisis de inseguridad y pequeñas dificultades para expresar sus pensamientos o para descorrer los velos que cubren los orígenes de sus objeciones y posteriores réplicas.
Cuando se inicia el paso de la niñez a la juventud, corresponde aprender a través de la investigación y la experiencia razonando y extrayendo conclusiones que fluyen del interior al exterior paulatinamente, como si se tratara de un arroyo en la montaña escondido entre las lindes de los prados a los que humedece, y casi invisible a los ojos del observador poco experimentado.
El niño- joven ya no se limita a seguir las directrices del adulto, sino que balbucea iniciativas propias, alejándose del receptor pasivo y viviendo proactivamente los estímulos externos. El niño se concibe como un ser activo, lleno de posibilidades, siendo mejor cuanto más piensa y más rápido resuelve problemas individualmente. El adulto debe desempeñar el papel de mediador, de pacificador de los vientos que agitan el alma inexperta de nuestro jovencito incipiente, tambaleante. Lo que pretende el modelo constructivista es elevar su mirada por encima de lo que ya conoce, con el corazón abierto a los que saben y cerrado a los impositores y cercenadores de estas libertades hacia el conocimiento de la vida y la independencia intelectual. El constructivismo es una luz para borrar la infalibilidad de algunos y aprender a escuchar y modelar a otros.
Este modelo favorece la toma de decisiones. Emitir juicios de valor implica la participación impulsora de los adultos que interactúan en el desarrollo para construir, crear, facilitar, liberar, preguntar, criticar y reflexionar sobre la comprensión de las estructuras profundas del conocimiento.
El eje del modelo es el aprender haciendo. El «experimentado» es un facilitador que contribuye al desarrollo de las capacidades de los muchachos para pensar, idear, crear y reflexionar. El objetivo es desarrollar las habilidades del pensamiento de los jóvenes para que ellos puedan progresar, evolucionar secuencialmente en las estructuras cognitivas y acceder así a conocimientos cada vez más elaborados.
Seguiremos con este modelo el martes próximo.
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Conductismo y educación (44)

En el post 38 dedicado a la familia (concretamente a los modelos de aprendizaje), hacíamos hincapié en la importancia de enseñar a los niños de 0 a 8 años rutinas que se convirtieran en un hábito. A este primer modelo de aprendizaje lo hemos llamado de repetición, que tiene mucho que ver con el modelo academicista o memorístico. El niño recordará estas actitudes y activará su voluntad para mantenerlas sin esfuerzo.

A partir de los 8 años, el niño empieza a reaccionar ante los impulsos externos buscando su espacio. Se inicia una época más contestataria en las que los padres reciben respuestas sorprendentes y no siempre gratas. Esta situación, que en sí misma es normal y muy saludable, necesita incorporar sistemas de relación que marquen límites, en los que sin perder de vista el respeto a la identidad del niño, podamos regular los movimientos algo descontrolados que se activan cuando el infante se entremezcla con otras culturas, modos de ver el mundo y definiciones de lo correcto o incorrecto en las que se siente inmerso cuando vive sus primeras salidas a casas de amigos, o cuando los profesores enseñan conceptos que difieren en alguna forma con las ideas familiares.

Todo este entramado de desiguales impulsos altera el comportamiento habitual del chiquillo, apareciendo expresiones confrontantes donde antepone lo externo a lo conocido, o simplemente investiga qué es más veraz y más válido.
Ante la aparición del estímulo-respuesta, debemos implementar un modelo «pedagógico» (o formas de buen vivir) que ayude a conducir al crío a una estabilidad emocional, a la vez que se le abren canales novedosos de mirar el mundo. La meta de este modelo es conformar la conducta.

Empleando el símil conductista, lo que pretendemos es que los padres practiquen el «condicionamiento operativo», es decir, que ante una respuesta espontánea se realice un estímulo que refuerce o extinga dicha conducta. Este sistema o refuerzo conductual es muy similar al introducido por Thorndike y reformulado por Skinner, y resulta muy exitoso para eliminar los castigos, nada eficaces si queremos minimizar comportamientos o conductas negativas.

El segundo pilar de la educación. La enseñanza a través del conductismo

Antes de planificar o crear estrategias para aplicar los condicionamientos operativos, debemos seguir una serie de pasos que nos permitan obtener el éxito:

– El primer paso es que los padres realicen un registro de conductas anómalas o agresivas en las que se detallen los comportamientos o actitudes que consideran modificables.

– El segundo paso exige que los progenitores comprueben y descarten que esos comportamientos no son propios de alguno de ellos, en algún modo o forma. Es inviable intervenir sobre un niño y obtener resultados si los adultos han sido los modelos en los que el niño se ha fijado. Tomamos como referencia el pensamiento de Albert Bandura en el «aprendizaje por observación», en el que manifiesta: «los niños aprenden conductas porque las han visto realizar». (ver video: “children see, children do”)

– Para acabar, una vez excluida la procedencia familiar, es el momento de preparar un programa de intervención en el que se establezcan normas y límites, gracias a las cuales el niño pueda llegar a construirse como persona libre en el futuro.
Este proceso de conducción a través del estímulo-respuesta permite que el niño encuentre una disciplina interior para llegar al autocontrol de sus impulsos y lograr sus propios ideales.

Los refuerzos aplicados de una manera concluyente y donde se puedan medir los resultados permitirán a la entidad familiar responder ante situaciones múltiples.El modelo familiar «conductista» provee a los padres de herramientas para dirigir y guiar el crecimiento más adecuado. El chiquillo no puede construir una visión particular de sí mismo, ni tan siquiera cambiar lo que le inquieta, si no tiene una dirección bien articulada y formalmente comprometida.

Este sistema es imprescindible de 8 a 10 años, etapa en la que se mantendrán los hábitos que se habían incorporado anteriormente y se amplía el paradigma con esta “conducción – observación” que ahora proponemos.

Si bien hemos hablado de niños, este post está pensado para su aplicación en cualquier espacio de aprendizaje o de dirección.

En síntesis, es imprescindible una revisión de conductas familiares o personales para definir un modelo que establezca el método a seguir para mantener la disciplina. Y, sobre todo, ánimo para aprender haciendo, experimentando y revisando los aciertos y errores para definir ajustes y cambios, que serán la base del éxito.

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