El enemigo en el trabajo – The enemy at work (332)

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La vida de Sergio no es muy diferente a la de muchas otras personas que pasan la mayor parte del día en una oficina, cerca de sus compañeros, con los que acaban conformando la familia profesional. Una familia que a veces presenta ciertas fisuras,  malentendidos, y discusiones. Fuera de estos casos esporádicos, lo lógico es que haya complicidad, apoyo y trabajo en equipo.

El ambiente en el departamento de Sergio era más o menos así, hasta que la compañía decidió expandirse y convocó un proceso de selección interno, a la vez que contrató a una empresa especializada en selección de personal. Sergio fue uno de los candidatos de plantilla, y sintió durante todo el proceso cierta tensión mezclada con gran ilusión por la posible promoción que llevaba esperando desde hacía bastante tiempo.

Después de una serie de pruebas, la directora de capital humano se decantó por dos jóvenes recién graduados en un MBA en la mejor escuela de negocios.

Desde aquel momento el ánimo de Sergio decayó, y optó por menoscabar el trabajo de los nuevos ingresados allá donde podía. Despreciaba su carrera profesional, su currículo académico, y si podía frenaba cualquier éxito en su gestión o desarrollo de proyectos.

La actitud de Sergio fue corroborada por algunos compañeros de la sección. Unos y otros aprovechaban cualquier ocasión para descalificar el trabajo realizado por los agregados, quienes mostraban una gran creatividad, un elevado talento en la tecnología más avanzada, y sobre todo muchos contactos con otras compañías, con las que se crearon sinergias muy interesantes e importantes para la organización.

La agresión directa de Sergio y sus compañeros buscaba destruir el desarrollo profesional y el avance en los logros de los nuevos fichajes. La envidia corroía a Sergio y perdió el control, dejando de razonar lógicamente. Llegado a este punto, no tuvo ningún recato en perjudicar mediante chismes y críticas descarnadas a sus nuevos compañeros.

Lleno de hipocresía, les sonreía cuando estaban presentes, y por detrás hacía comentarios mordaces, que lesionaban gravemente la imagen que el resto de los departamentos tenían sobre las nuevas incorporaciones.

Una mañana uno de los jóvenes detuvo a Sergio en la mitad del pasillo y le dijo que quería hablar con él. Sergio sintió cierta desazón, pero le acompañó a un despacho.

«Siento mucho que nuestra presencia en esta compañía haya quebrantado tus ilusiones profesionales. Posiblemente haya sido poco acertada e injusta la decisión a nuestro favor que ha realizado la dirección de capital humano, teniendo en cuenta la gran experiencia de la que tú has hecho gala en el tiempo que llevamos aquí. Nuestro trabajo no tendrá ningún éxito si no conseguimos tu colaboración, y así se lo hemos hecho saber a la dirección.

Es imposible avanzar si tu conocimiento y experiencia no están a disposición de este proyecto. Hemos sido elegidos por nuestros contactos. En ningún caso porque tu experiencia sea menor que la nuestra. Todos estos años que llevas aquí dentro te han impedido conectar con los nuevos sistemas de relaciones sociales, de aprendizaje colaborativo y de innovación participativa.

Cada día, entregado como estabas hasta altas horas de la noche, te ha sido imposible reinventarte profesionalmente. Esto ha redundado en la pérdida de oportunidades que con nuestra llegada has sentido. Si estamos todos juntos podrás incorporar nuevos modos de trabajar, de investigar, de participar del entorno más avanzado.

Quisiéramos que te plantearas una nueva actitud, y si no es posible, nosotros declinaremos nuestra posición en el proyecto. Sin tu participación no es viable un avance y la obtención de los logros previstos»

Sergio se quedó demudado ante el joven, y no pud

o decirle nada. Cuando le dejó solo pensó cuántos años llevaba sin conectar con el mundo exterior obcecado en cumplir con sus responsabilidades, queriendo complacer a sus jefes, centrado en ser reconocido. Comprendía que había perdido el tren y ahora aquel joven le ofrecía una oportunidad única para subirse en marcha.

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Sergio’s life is not very different from many other’s who spend most of the day in an office near their colleagues with whom they end up constituting a professional family. A family that sometimes undergoes cracks, misunderstandings and discussions. But apart from these sporadic cases, the general rule is complicity, support and teamwork.

The atmosphere in his department was more or less like this, until the company decided to expand and convened an internal selection process, while they hired a company specializing in personnel selection. Sergio was a candidate and throughout the process he felt some tension mixed with great excitement about the possible promotion he had been waiting for quite some time.

After a series of tests, the human resources director opted for two young graduates with an MBA at a top business school.

From that moment the spirit of Sergio declined, and he opted to undermine the work of the freshman wherever he could. He despised their career, their academic curriculum and whenever he could he would stop any success in their project management or development.

Sergio’s attitude was corroborated by some companions of the team. They used every opportunity they had to discredit the work of those new hires who showed creativity, were skilled at the most advanced technology, and built many contacts with other companies with which they created very interesting and important synergies for the organization.

The direct attack sought to destroy the career development and progress of the new hires. Sergio’s gnawing envy caused him to loose control, and he stopped thinking logically. At this point, he had no shame in damaging others by gossiping and criticizing about the new teammates.

Full of hypocrisy he would smile when they were present, and made sarcastic comments when they were away, which seriously undermined the image that the other departments had of the new hires.

One morning one of the young new hires stopped Sergio in the middle of the hall way and said he wanted to talk to him. Sergio felt some discomfort but accompanied him to an office.

«I am sorry that our presence in this company has broken your professional dreams. It was probably unwise and unfair for the HR department to chose us, in view of the expertise you have shown during the short time we have been here. But our work will not have any success if we do not work together, and we have told the management about that.

It is impossible to move forward if your knowledge and expertise are not available for this project. We have been chosen because of our contacts, and by no means because you have a lower expertise than we. All the years you have been working here have kept you away from making new contacts, learning about social networks and implementing collaborative learning and participatory innovation.

Every day you worked long hours, which kept you away from reinventing yourself professionally. This has resulted in the loss of opportunities that you felt with our arrival. If we work together you can incorporate new ways of working, investigating and participating in the most advanced environment.

We would like you to build a new attitude, but if it is not possible we will leave the project. Without your participation we won’t be able to progress and achieve the expected accomplishments»

Sergio was shocked at the young man’s words and could not say anything. When he left, he could only think about all the years he had been away from the outer world, obsessed with fulfilling his responsibilities, wanting to please their bosses, focused on being recognized. He realized he had missed the boat and now the young man was offering him a unique opportunity to climb up again.