Un puente para la paz (386)

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«Vivían dos hermanos en granjas adyacentes y cayeron en conflicto. Todo comenzó con una pequeña y trivial contrariedad que fue creciendo hasta convertirse en  una diferencia mayor entre ellos. Un día llegaron a decirse palabras amargas seguidas de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta del hermano mayor. Al abrir, se  encontró con un hombre con herramientas de carpintero.

—Estoy buscando trabajo para unos días —dijo el extraño—. Quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí, en su granja, y yo pueda serle de ayuda.

—Sí —dijo el mayor de los hermanos—, tengo un trabajo para usted. Mire al otro lado del arroyo, hacia aquella granja; ahí vive mi vecino, bueno, de hecho, es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y el tomó su bulldozer y desvió el cauce del arroyo para separar las fincas. Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca; una cerca de dos metros de alta, ¡no quiero verlo nunca más!

El carpintero le dijo:

—Creo que comprendo la situación. Muéstreme dónde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes, y le haré un trabajo que lo dejará satisfecho.

El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales, y dejó la granja  el resto del día para ir a por provisiones al pueblo.

El carpintero trabajó duro toda la jornada midiendo, cortando, clavando…

Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero  había terminado el trabajo. El granjero miró estupefacto. No había ninguna cerca de dos metros. En su lugar había un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte.

En ese momento, su hermano menor vino desde su granja y, abrazando a su hermano, le dijo:

— ¡Eres un gran hombre! Has construido este hermoso puente después de lo que yo

te he hecho, y de mis últimas ofensas.

Mientras que ambos hermanos estaban reconciliándose, el carpintero tomó sus herramientas y emprendió su camino, y cuando los hermanos intentaron pararle él les contestó:

—Me gustaría quedarme, pero tengo muchos otros puentes que construir».

AUTOR DESCONOCIDO.

Construyamos un puente que una los mundos que permanecen separados. Todas las formas de separación pueden ser disueltas con un puente que una ambos extremos. Lo más fácil es levantar muros que no nos permitan ver todo aquello que nos ofende o nos ofusca. Lo complicado es generar madera noble que sirva para unificar criterios, generar puntos de acuerdo, estimular consensos.

Un puente que una al rico con el pobre, al bueno con el malo, al sabio con el ignorante, al poderoso con el incapaz, al eficaz con el torpe, al trabajador con el perezoso, al pacífico con el guerrero. Un puente que disuelva las diferencias, y que convierta todo en oportunidades de cambio y progreso.

Seamos carpinteros de puentes en nuestras vidas personales y profesionales.