En el mundo de la ficción, el guionista y el director crean historias con trama y argumento  buscando conectar con el interés del espectador. Por el contrario, en la película de la vida el entramado es mucho más complejo, ya que vamos entrelazando  fotogramas aleatoriamente sin que hayamos decidido previamente  de qué va el asunto central, o al menos sobre qué parte queremos enfocar nuestra mirada.

Imagen grande: Mix

El film de hoy empezó en la final del Open de Tenis de Madrid.  Los números uno y dos del tenis mundial competían para obtener el primer premio,  y los aficionados nos citamos en la Caja Mágica, la nueve sede deportiva del Ayuntamiento de Madrid, ubicada en la calle Camino de Paredes sin número, al final de Antonio López. Este dato parece a priori poco relevante, sin embargo, el tiempo que habíamos destinado para llegar al evento se diluyó entre calles estrechas y las pocas posibilidades de aparcamiento. Aceptado lo inevitable entramos en el recinto.

Subimos a la planta 3 donde se encontraban los Ski Lounges, lugar en el que nuestro amigo Eduardo Sánchez, el director de Dessange Madrid, había instalado un salón de estilismo para  embellecer y cuidar a clientes, amigos y asistentes al Open, que así lo quisieran.
Cuando entré en la sala me llamó la atención una mujer embarazada, de larga melena castaño claro, con una tez sonrosada de facciones muy delicadas. En sus pies casi desnudos uñas esmaltadas refulgían en rosa fuerte. En ese momento, la mujer estaba enviando un mensaje por el móvil, mientras Jordi le ondulaba el cabello. Una voz a mi lado me dijo: “Es la esposa de Federer”.

Los altavoces avisaron que se iniciaba la final masculina, por lo que salimos a las gradas. En la pista de tierra batida estaban Nadal y Fereder peloteando en el campo. Los asientos y palcos fueron ocupados rápidamente hasta el lleno absoluto. A mi lado había una mujer de unos 27 años, morena, con camisa roja y traje blanco de minifalda y chaqueta corta. Llevaba unos zapatos de tacón fino que conjuntaban con un pequeño bolso, ambos de color rojo intenso
En la mitad de un juego estupendo de Federer, me despistó mi compañera, quien hablaba con alguien en tono muy bajo: “Aquí no te verán, no te preocupes, aquí no nos verán. Donde yo estoy no pueden vernos”. Mi compañera vivía un frenesí que parecía sacado de una novela de Agatha Christi  o de la recién fallecida Corín Tellado.  Cualquiera de las posibilidades me pareció inquietante.

Cuando se había iniciado el segundo set apareció un hombre de unos 36 años, de traje oscuro, quien se sentó a su lado prodigándole caricias y besos. Ella apoyó su cabeza en su hombro, abandonándose en él. La voz del hombre sonaba apresurada, y en unos minutos se marchó.
En la pista de tenis Nadal y Federer seguían jugando. En el asiento de atrás dos hermanos de unos siete y ocho años apostaban cincuenta € a que Nadal ganaba, mientras su madre se escondía para dar unas caladas a un pitillo.

Los espectadores famosos formaban parte del espectáculo.   En una pantalla apareció la cara de Raúl, el jugador del Real Madrid, que estaba sentado con su familia en la primera fila del ala Norte. Algunos asistentes le aplaudieron.

Los movimientos de cada uno de los protagonistas seguían su curso. Los asistentes sufrían la pérdida de Nadal en dos sets.  Los niños se habían  callado. Mi compañera se quedó sin amor, mientras en los altavoces anunciaron la presencia del príncipe de Asturias y otras personalidades que entregarían los premios a los ganadores.
En la pista Manolo Santana quedaban las señales de las bolas y los golpes. En las gradas pequeños retazos de vidas. Un mix de juegos, sentimientos, fama, ilusión, engaño y todo ello adornado de aplausos.
Es imposible evadirse de las circunstancias que nos rodean, sin embargo la percepción personal hace que algunos matices tengan un significado mayor que otros. La expectativa de que ganara nuestro preferido, nos impedía disfrutar del juego de ambos contendientes, a veces sobresaliente. La esperanza del amor impidió a la joven preguntarse para que quería una relación de segunda división. Los niños jugaban a las peligrosas apuestas. La madre se escondía para salvar las normas. ¿Cuál es el argumento de hoy?.

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