No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas.

LOUIS PASTEUR

Varias de mis amigas son educadoras y profesoras de niños de casi todas las edades. Llegados los meses de mayo y junio, se encargan de organizar actividades extraescolares donde los niños actúan,  cantan, bailan y realizan experiencias que están abiertas a la familia. La mayoría de los padres acuden a estos actos deseando que sus hijos muestren sus habilidades artísticas.

Una de estas amigas me contó que había preparado una representación para niños de 5 a 8 años. Las tareas que desarrollaron fueron: en primer lugar, el posicionamiento en el espacio teatral respetando la ubicación de sus compañeros (unos dieciocho); en segundo,  la realización de movimientos acompasados al sonido de la música, y, para acabar, el ejercitar el  trabajo en equipo sincronizando unos con otros. Me comentó mi amiga que tuvieron necesidad de improvisar por la incorporación de una niña que no estaba prevista, con un resultado fantástico.
artes escénicas versus medicación para la hiperactividad
Una de las técnicas más sobresalientes en este trabajo actoral es la “estatua”. En ella,  el protagonista permanece quieto y en silencio durante unos instantes antes de iniciar un nuevo movimiento. Éste ha sido uno de los ejercicios menos comprendido por algunos de los padres.

Posiblemente estos padres no han entendido que ciertos métodos, aplicados a la edad correspondiente, provocan un impacto de gran repercusión en etapas futuras. Las edades comprendidas entre los 5 y los 8 años son proclives al excesivo movimiento y a la inquietud. Enhorabuena a este grupo de niños que han logrado realizar la “estatua” en grupo, hecho que representa un éxito increíble.

Si nuestros hijos supieran permanecer en silencio, moverse cuando la ocasión lo requiera, respetar el lugar de los otros y aceptar la incorporación improvisada de un compañero de forma natural, seguramente se evitarían muchos de los fármacos recetados para que los niños se mantengan quietos.

A los padres les pediría que centren sus objetivos en que sus hijos desarrollen habilidades de menor impacto en el presente, y sin embargo, de enormes beneficios para el futuro, y que valoren los medios para lograrlo.

Al final, lo importante es que los niños consigan solidificar su poder y elevar su autoestima desde el conocimiento de sus capacidades y aceptación de sus limitaciones.

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