Competitividad – Competitiveness (325)

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Mi admirado Andy Warhol decía que la Coca-Cola era el producto más democrático porque mientras que él bebía su refresco podía imaginarse al presidente de los Estados Unidos, a un trabajador de una fábrica o a cualquier otra persona haciendo lo mismo. El refresco nos unificaba, y nos hacía a todos iguales. Nadie podía comprar una Coca-Cola  mejor ni peor que el de al lado.

Warhol reflejaba así una forma de igualdad, dejando además entrever que de un modo u otro nos sentimos diferentes e incluso marginados, y otras vencedores o vencidos.

Seguramente, en el fondo, pensamos que somos todos iguales, complejos, versátiles, válidos, importantes o insignificantes, dependiendo de la tarea que nos caiga en suerte. Todos maestros de algo y alumnos del  resto. Sin duda esto sería corroborado por la mayoría; sin embargo, la contienda diaria nos muestra una cara muy diferente.

Nos resulta difícil no sentirnos raros, casi exclusivos (para lo bueno y lo malo), muy personales y con matices que nadie puede repetir. Este individualismo es la base de la competitividad y de la desazón que vivimos en nuestras relaciones profesionales y personales.

Hay una llamada interior que nos impele a ser superiores a los demás, que nos aviva y promueve a marcar las diferencias, dejando en el camino la paz, la ilusión y muchas de las motivaciones reales.

Nos imbuimos de personalismo, y la necesidad de vencer a los demás es el faro de nuestra existencia, independientemente del daño que nos infringimos y provocamos a nuestro alrededor. Alguien se encargó de invitarnos a la competitividad como el único medio de llegar a ser triunfadores y personas de éxito. La mediocridad está vinculada al conformismo, al sentimiento grupal, al afán de pertenecer a una colectividad, donde la suma de todos esté por encima del individuo.

Parece que, en lugar de convivir, estuviéramos pertrechados en una escalera esperando a ver dónde sube nuestro compañero para pasar por encima de él.

La particularidad hace que cada uno piense que lo que logra ha sido gracias a méritos propios, excluyendo de la ecuación a todas las partes implicadas. Se produce una rotura de la solidaridad difícil de recomponer, porque el sentimiento de inferioridad y de superioridad voltea por nuestras cabezas y permea en todo nuestro entorno con un gravísimo perjuicio, pues  rompe vínculos y merma los espacios compartidos.

Un sentimiento de escasez, de envidia y de egoísmo es la causa primordial del individualismo y la competitividad que inunda las empresas de un frenesí por los resultados, condenando a los individuos a la soledad y la frustración. Sólo aquellos que piensan en el bien común, en el esfuerzo compartido y en sumar en lugar de restar, se sienten ricos de oportunidades y aportan valor a la colectividad para generar riqueza y prosperidad tanto a la organización como a sí mismos.

Vencer a la inercia de jugar a quién tiene más poder, quién lo hace mejor, quién es el más hábil, es el primer paso para desvincularse de los aprendizajes heredados desde nuestra infa

ncia, donde competir para ser los mejores es el abono de cultivo social.

Cabe reconocer y agradecer el testigo que nos han pasado los que estuvieron antes que nosotros, y traspasar lo heredado después de haberlo engrandecido con nuestras experiencias.

¿Quién fue el primero? Ese es en todo caso el que podría llevarse el primer premio.

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My admired Andy Warhol said that Coca-Cola was the product more democratic
because while he drank his soda could imagine the president of the United States, a factory worker or anyone else doing the same. Refreshing unified us and made us all equal. No one could buy a Coca-Cola neither better nor worse than the next.
Warhol reflected a form of equality have left some hint that one way or another we are different and even marginalized, and other victors or vanquished.

Surely, deep down, we think we are all equal, complex, versatile, valid, important or insignificant, depending on the task falls on us luck. All teachers and students of something else. No doubt this was corroborated by the majority, however, the daily race shows a very different face.

We find it difficult not to feel strange, almost exclusive (for good and bad), very personal and nuances that nobody can repeat. This individualism is the basis of competitiveness and anxiety that we live in our professional and personal relationships.
There is an inner call that impels us to be superior to others, revives and promotes us to make a difference, leaving the path of peace, hope and many of the real motivations.

We are imbued with personality, and the need to overcome the other is the beacon of our existence, regardless of damage inflicted and provoke us all around us. Someone was responsible for inviting us to competitiveness as the only way to become achievers and successful people. Mediocrity is linked to conformity, the group feeling, the desire to belong to a community, where the sum of all is above the individual.

It seems that instead of living together in a straight-armed we were waiting to see where your partner goes to step over him.
The special makes everyone think that what has been achieved thanks to its own merits, to the exclusion of the equation to all parties involved. There is a break in the solidarity difficult to reconstruct, because the feeling of inferiority and superiority of our heads turned and permeates throughout our region with a serious injury, it breaks ties and reduces the shared spaces. 
A sense of scarcity, envy and selfishness is the root cause of individualism and competitiveness that pervades the business of a frenzy by the results, locking individuals to loneliness and frustration. Only those who think about the common good, in the shared effort and to add instead of subtract, feel rich opportunities and add value to the community to generate wealth and prosperity to both the organization and themselves.

Overcoming the inertia to play who has more power, who does best, who is more accomplished, is the first step to disengage from learning inherited from our childhood, where they compete to be the best fertilizer is the social culture. 
It is to acknowledge and thank the witness that we have passed that came before us, and transfer the inherited after being magnified by our experiences.

Who was the first? That is in any case which could take first prize.