Tener la razón (345)

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Era un hermoso día de primavera, y el maestro zen volvía al monasterio después de dar un paseo por el campo. El tiempo era delicioso, ni caluroso ni frío. Soplaba una brisa ligera y, al llegar frente al portal del monasterio, el maestro constató que el estandarte con la efigie del Buda ondeaba con suavidad al viento de la tarde. Dos jóvenes novicios estaban allí, delante del portón.

¡Es el estandarte lo que se mueve!

¡No!  ¡Es el viento!

Según la doctrina, lo que importa es lo que ahora vemos ante nosotros. ¡Y eso es el estandarte! ¡Y se mueve!

¡De ningún modo! Tu visión es errónea, pues la agitación del estandarte es sólo consecuencia del viento; el viento es la causa primera, la realidad que está más allá de la apariencia.

¡Pero la existencia del viento es una hipótesis!

¡El estandarte no se mueve sin motivo! ¡Y ese motivo no es otro que el viento!

¡Pura especulación!