Sé feliz y cuéntalo (por Francisco Carrillo) (381)

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Por Francisco Carrillo

Decíamos recientemente en un encuentro con empresarios que el principal factor de toda comunicación feliz y creativa reside en hacer entender al otro que su estado de ánimo es directamente proporcional a cómo establezca grados de empatía y “buen rollo” con su entorno. Es decir, la relación estado de ánimo-conversación (tono de la misma) mantenida con alguien (cercano o no, especial o no, importante o no) esa mañana, la noche anterior o hace diez minutos, determinará el desarrollo de competencias que pongas en práctica ese día. A mayor sensación de felicidad, de fluidez positiva, mayor capacidad de crear, innovar, sacar adelante proyectos y atreverse con todo. Reinventarse en la comunicación feliz es encontrar cada día y a cada momento espacios nuevos de

satisfacción personal con lo que se dice. De igual forma que para escribir algo importante, que emana de las profundidades de nuestro corazón, que viene impulsado por unas emociones que no nos apetece gestionar en ese momento sino que le damos rienda suelta a su libertad, necesitamos pensar, detener nuestra mente en el horizonte quieto de la reflexión, una discusión o conversación mantenida con el otro u otra nos puede influir y condicionar negativamente los comportamientos que adoptemos el resto del día.

Escribir es pensar. Cuando nos ponemos delante de un folio en blanco o maduramos cómo comunicar un sentimiento o idea a otra persona, necesitamos de la quietud, pero al mismo tiempo de la inquietud. Porque el discurso es pensamiento en acción. Nace de la reflexión para convertirse de inmediato en comunicación. Serrat cantó a Machado con su “caminante no hay camino. Se hace camino al andar”. Aplicado al comunicador eficaz, diríamos “Orador no hay discurso. Se hace discurso al pensar”.

Por tanto, si somos conscientes de lo que escribimos, debemos ser conscientes de cuándo y en qué medida creamos y exportamos felicidad con nuestras palabras. Porque expresamos felicidad, comunicamos felicidad, cuando somos conscientes de ella en nuestro interior, cuando (nos) reconocemos (en) la sonrisa y nos situamos en un plano de jolgorio físico e intelectual prolongado (aunque coyuntural, no lo olvidemos). Sin embargo, la línea que separa ambos estados de consciencia cognitiva es frágil, muy frágil. La irrupción de ruido comunicativo o comunicación negativa

puede alterar estados de felicidad conscientes. De cómo superar esas barreras y muros comunicativos hablaremos próximamente, así como de los tipos diferentes de felicidad que se pueden crear según la comunicación emitida.

Mi recomendación musical de hoy, para que vuestros sentimientos vengan acompañados de sonrisas, parabienes y felicidad, sobre todo, felicidad. Y cuando te sientas feliz, no te lo calles. ¡Cuéntalo!