Qué ves (324)

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Cuento popular:

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un anciano que se encuentra descansando:

– ¿Qué clase de personas viven aquí?

El anciano le pregunta:

– ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

– Un montón de gente egoísta y malintencionada  -replicó el joven-. Estoy encantado de haberme ido de allí.

A lo cual el anciano comentó:

– Lo mismo habrás de encontrar aquí.

Ese mismo día otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano preguntó:

– ¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta:

– ¿Qué clase de personas viven en el lugar de dónde vienes?

-Un magnífico grupo de personas honestas, amigables, hospitalarias; me duele mucho haberlas dejado.

– Lo mismo encontrarás aquí  -respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

-¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo contestó:

-Cada uno de nosotros solo puede ver lo que lleva en su corazón. Aquel que no encuentra nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí, ni en ninguna otra parte. Si te sientes dolorido por alguna causa externa, no es eso lo que te perturba, sino tu propio juicio sobre ella.

Nuestra mirada es el fiel reflejo de lo que llevamos en nuestro corazón.

Si has cambiado de trabajo, de pareja, de ciudad, de vida…Piensa que lo que ves es lo que tu aportas a esa nueva experiencia.

Algún día, en algún lugar todos estaremos mirando lo mismo: la grandeza del espíritu del hombre y sus comportamientos serán un fiel reflejo de esa belleza