La primera transición. Demian (por okupa) (406)

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Por okupa

A veces en casa me siento en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Es un poco incómodo, pero en esta postura infantil mi cabeza va hacia atrás y mi pensamiento, como una ruleta incontrolada, se detiene en el punto preciso que necesito aclarar. Esta vez lo ha hecho en mis 16 años, esa edad transitiva de búsqueda y desesperación. Ahí me encontré con la desorientadora obra de Herman Hesse que os invito a releer, pues a pesar de ser lectura de juventud, solo al cabo de los años he podido acercarme a la profundidad de su sabiduría.

Aprovechando que hoy es el último día de  la Feria del Libro de Madrid, y siendo Alemania el país invitado, comparto este fragmento de Demian:

“En estos momentos tuve una certeza fulminante: cada uno tenía una <<misión>> pero ésta no podía ser elegida, definida administrada a voluntad. Era un error desear nuevos dioses, y completamente falso querer dar algo al mundo. No existía ningún deber, ninguno, para un hombre consciente, excepto el de buscarse a sí mismo, afirmarse en su interior, tantear un camino hacia adelante sin preocuparse de la meta a que pudiera conducir. Aquel descubrimiento me conmovió profundamente; éste fue el fruto de aquella experiencia. Yo había jugado a menudo con imágenes del futuro y soñado con papeles que me pudieran estar destinados, de poeta quizá, de profeta, de pintor o de cualquier otra cosa. Aquellas imágenes no valían nada. Yo no estaba en el mundo para escribir, predicar o pintar; ni yo ni nadie estaban para eso. Tales cosas podían surgir marginalmente. La misión verdadera de cada uno era llegar a sí mismo. Se podía llegar a poeta o a loco, a profeta o a criminal; eso no era asunto de uno; a fin de cuentas carecía de importancia. Lo que importaba era encontrar su propio destino, no un destino cualquiera, y vivirlo por completo. Todo lo demás eran medianías, un intento de evasión, de buscar refugio en el ideal de la masa; era amoldarse; era miedo ante la propia individualidad. La nueva imagen surgió terrible y sagrada ante mis ojos, presentida múltiples veces, quizá pronunciada ya otras tantas, pero nunca vivida hasta ahora. Yo era un proyecto de la naturaleza, un proyecto hacia lo desconocido, quizá hacia lo nuevo, quizá hacia la nada; y mi misión, mi única misión, era dejar realizarse este proyecto que brotaba de las profundidades, sentir en mí su voluntad e identificarme con él por completo.

Herman Hesse