¿Qué nos pasa a las personas? Plaza de Cataluña (por okupa) (403)

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Por okupa

Enciendo distraídamente la televisión y unas imágenes con siniestros recuerdos a épocas pasadas y lúgubres de nuestro país rebotan en mi cabeza. Las fuerzas del orden público arremetiendo contra la ciudadanía en la plaza de Cataluña, Barcelona. Mujeres, niños, personas que solo quieren expresar su descontento, apaleados sin contemplación en un uso desmedido de fuerza que hacía tiempo no veíamos tan cerca. Parece que la energía de agresividad y brutalidad sin medida sacude el planeta y acaba llamando a nuestra puerta.

Hace unos día me comentaba alguien que un amigo lituano le decía que estábamos locos, que qué era eso de democracia real, que no teníamos ni idea de lo que era la “democracia” en algunos países. Estas imágenes parecen acercarnos a “esas” otras democracias. A Sarkozy le preguntaron en la cumbre de los G8 si veía alguna similitud entre las manifestaciones de las plazas en España y lo que ocurre en las de Yemen, Siria o Egipto. El mandatario francés respondía que no es comparable, que España es una “gran democracia”  Esperemos que tenga razón, esperemos que el sistema democrático pida responsabilidades políticas a estas acciones.

Pero, ¿Qué nos pasa a las personas? ¿Por qué nos dejamos llevar por posiciones de fuerza y el uso de la brutalidad ante situaciones que no compartimos o simplemente no queremos encontrar unas vías de solución más lentas pero infinitamente más duraderas, como son el diálogo, la comprensión y la tolerancia?

Con 17 años estuve trabajando durante un año adiestrando perros. La persona que me enseñó a hacerlo me explicaba: Hay dos formas de enseñar a un perro a que se siente. La primera es golpeándole. Al tercer golpe aprenderá lo que se espera de él, agachará las orejas y en media hora habrá aprendido la lección. La segunda manera es haciéndole comprender con paciencia y cariño qué quiere decir “sit”  y, tras mucha repetición, en unos pocos días lo habrá aprendido. De la primera manera, el perro va a ser infeliz y cuando otra persona a la que no tema le de la orden, desobedecerá. Con el cariño de la segunda forma, el perro obedecerá siempre, alegre de saber lo que se quiere de él y gustoso de cumplirlo.

Me cuesta entender el uso de la fuerza, me cuesta encontrar una justificación a su empleo, ya sea una torta a un niño o la  brutalidad policial. Los jóvenes de los países musulmanes son agredidos por unos gobiernos equivocados, con temor a perder la sartén que han estado sujetando por el mango durante tantos años. Nosotros, en Barcelona, despejamos la Plaza de Cataluña a golpes para la celebración del  posible triunfo del Barça en la final de la Champions.

¿Qué nos pasa a las personas?