La inteligencia del cambio (por okupa) (399)

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Por okupa

Desde que en 1995 Daniel Goleman publicara su libro Inteligencia Emocional, parece que puso de moda la palabra inteligencia: inteligencia en la empresa, inteligencia personal, inteligencia espiritual… así que me ha parecido que lo único realmente inteligente es la inteligencia del cambio. El cambio, la transformación personal es una cosa curiosa. En el management se utiliza la gestión del cambio como elemento indispensable para la mejora en el buen hacer de las organizaciones. El coaching se puede describir como una técnica que propicia el cambio para la consecución de objetivos concretos. El amplio mundo del crecimiento personal nos invita a cambiar para abrir el camino a la felicidad, vida sana y a la plenitud.

Siendo tan alabado por todos, tan reconocidamente necesario para cada movimiento de avance en nuestras vidas, ¿por qué somos tan reacios a él? (disculpar el plural, desde luego yo soy bastante duro a la hora de hacer cambios, y no hablo de cambiarme de calzoncillos cada mañana, me refiero a esos cambios sustanciales, que sabemos debemos realizar pero no acabamos de acometer) pues eso, ¿por qué estoy tan conceptualmente convencido de

su necesidad, como anímicamente en contra de su realización?

No debe ser una cosa de lo externo ya que cambio sin problema de casa (he vivido en treinta y tantas) ni de tecnología (me adapto perfectamente a cambiar el ordenador por el iPad) o de ropa, o de música, incluso de gustos culinarios puedo cambiar sin problema. No se trata de cambios adaptativos, esos los hacemos todos ¿Entonces, por qué tan reacio a los cambios internos?

Los profesionales nos dan argumentario variado: “Estás en tu zona de confort de la que no quieres salir…” Básicamente me están llamando imbécil,  pues por muy cómodo que se encuentre uno en su zona de confort, ante recompensas tan jugosas como la felicidad, la paz, el gozo, saltaría sin duda del confortable sofá para poder tocarlas con los dedos; así que debe ser otra cosa.

Vale, puede que sea un escéptico, que simplemente piense que las personas son como son y sencillamente no cambian. Esta teoría se me cayó al trabajar cerca de Joaquina, maga de la metamorfosis propia y de propiciar el cambio real, permanente y constatable en cientos de personas.

Deambulando, por esta su casa,  con estos pensamientos dándome vueltas en la cabeza, llego a una habitación soleada. Es una de las 390 maravillosas habitaciones que tiene esta casa. Os invito a que entréis de nuevo en ella para dar con el camino que soluciona el enigma de hoy:   Habitación 387