La Hiperrealidad y el simulacro (por okupa) (400)

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Por okupa

Hace unos días estuve viendo la película irlandesa Once. Es una maravillosa película de amor donde John Carney  demuestra que no hay que pasar por la pastelería para conseguir un agradabilísimo dulzor en la boca. El caso es que me encuentro viendo la peli y dándome cuenta de que prefiero experimentar mis emociones a través de los personajes de la historia que a través de mi propia vida. De alguna manera me parecen más reales que la cotidianidad del día a día. Te ríes, te sientes dolorido, hay gozo, duda, amor, ilusiones, motivaciones, expectativas por cumplir, y todo eso en apenas dos horas de DVD. En mi realidad, en dos horas como mucho me cabreo un poco y echo a alguien la culpa de algo.

Este placer de disfrutar de una realidad ajena se va extendiendo a otros campos: me gusta más cuando alguien me cuenta sus aventuras de viajes que cuando yo mismo he visitado esos sitios; cada vez más voy prefiriendo ver un documental de National Geographic a ir al zoo. Sobre todo, cada vez me parecen las noticias de la prensa y la televisión más pertenecientes a una realidad que no es la mía. Por ejemplo, no se distinguir muy bien entre una película del John Wayne y lo que leo en la prensa sobre el final de Bin Laden. Definitivamente desconozco cuando la realidad supera a la ficción o cuando esta se ve sobrepasada por la primera.

El caso es

que me encuentro como en el Imperio del cuento de Borges Del rigor en la ciencia donde los cartógrafos habían levantado un mapa del Imperio, que representaba todo el territorio y tenía el mismo tamaño del Imperio. A tal punto que a veces me cuesta distinguir cuál es el sentimiento real y cual el representado. No sé si es grave, simplemente dificulta un poco la comprensión del mundo. Otro ejemplo, veo a mi hija, que vive en Canadá, más a través de Skype de lo que nunca la vi

cuando vivía en Madrid con su madre. 16 años, una generación que definitivamente vive una realidad distinta, un simulacro mezcla de Facebook, Twenti y Youtube, que muestra una realidad tan intangible como cierta.

Hace cuatro años murió un muy interesante pensador en estos temas. Para Jean Baudrillard, esta virtualidad creada en parte por los medios constituye una sensación de hiperrealidad en la conciencia. Lo hiperreal surge de la interacción entre lo real, lo social y lo simbólico, de modo que el simulacro termina reemplazando lo real. Sí, es todo un poco Matrix, pero lo cierto es que es éste el material de lo que está construido nuestro mundo actual.