(por okupa)
En la vida a veces nos encontramos con personas que externalizan sin complejos la dualidad que todos llevamos dentro. Son personas que equilibran perfectamente lo humano y lo divino, la ciencia con el arte, lo oscuro y lo que tiene luz. Suelen ser personas con un complejo currículo, y a las que se les presume una intensa vida interior. En la exterior no suele existir el tiempo, disfrutando siempre de las dos caras de cada realidad que se presenta ante ellos.
Hace unas semanas conocí a una de estas personas. Neurocirujano y Licenciado en Historia del Arte. Seguramente no es muy conocido fuera de su entorno profesional, no tiene perfil en Facebook ni twittea cada cinco minutos con la última ocurrencia, pero es uno de esos personajes duales con los que da gusto entablar una conversación.
Me regaló un libro que ha editado, escrito la presentación y un artículo que convive con otros de relevantes autores, en torno a la Neuroestética. Es una lástima que el libro no esté a la venta ya que una empresa farmacéutica compró toda la edición para luego hacer regalos. El tema de la Neuroestética (El análisis desde la ciencia de en qué consiste la belleza, el arte y la estética) es fascinante. Si os interesa, he encontrado un magnífico artículo del mencionado libro en Internet, Neuroestética: hacia un estudio científico de la belleza y de los sentimientos estéticos compartidos, de José Javier Campos Bueno.
Me permito copiar las primeras seis líneas de la presentación que escribe Antonio:
“Decía Dostoievski: La belleza salvará el mundo. Se refería al enfrentamiento frente al mal abstracto o la fealdad, pero en nuestro caso podríamos aplicarlo a la lucha diaria en nuestra guerra permanente frente a la enfermedad. El bien y el mal, la beldad y la fealdad son los desafíos duales a los que nos tenemos que enfrentar constantemente los seres humanos; si tratamos uno de estos pares dejando al otro de lado, nuestra verdad nunca será válida. Los neurólogos, por tanto, no solo debemos leer libros sobre enfermedades, debemos leer también libros sobre la belleza”
La enfermedad y la belleza, este es el desafío que acomete el Dr. Martín Araguz. Cada uno tenemos una dualidad con la que nos movemos con mayor o menor soltura, con mayor o menor conocimiento de esa otra realidad. Caminamos por la vida como el dios Jano, bifrontes, con una cara vuelta hacia la luz y la otra mirando la oscuridad, en medio de dos mundos y decidiendo cada día cuál de nuestras dos caras va a conducir nuestras decisiones cotidianas, y nuestras manifestaciones trascendentes. En muchos casos nos creemos en piloto automático, pero no debemos olvidar que siempre, una de las dos caras tiene claro dónde quiere llegar. La decisión es nuestra. Como seres humanos debemos leer libros escritos por otros, pero debemos leer también el complicado libro que se aloja en nuestro interior y en el que cada día escribimos una nueva página.








4 Comentarios
Me encantó este escrito, últimamente he observado en mi que cuanta más resistencia opongo a una de las partes de mis propias dualidadades, más dolor me causa, así pues; voy a levantar mi bandera blanca ante esa resistencia.
Gracias por este artículo
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Muchas gracias por aportar el enlace de internet y por recordarnos la importancia de leer el libro de nuestro interior. Pienso que conociendonos todo lo que somos en potencia podremos ir hacia el lugar que nos propongamos caminando hacia el éxito .
Un Abrazo
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El taller de neuroestética del Profesor Martín Araguz en HUNE me ha estimulado para aprender más sobre cómo funciona el cerebro.
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La sugerente descripción que haces del Neurocirujano Antonio Martín Araguz me lleva a asistir al curioso taller que él mismo imparte en Hune. De forma deliciosa y con una exquisita selección de obras de arte nos va mostrando como a lo largo de la historia, siempre, al lado de un científico hay un artista.
Con su exposición reconozco como conviven el arte y la ciencia; ese nexo de unión que refleja por ejemplo cuando considera que Leonardo da Vinci más allá de ser pintor, arquitecto, escultor, escritor, músico y, en definitiva, artista, era un anatomista soberbio, y como es cierto que una “Una imagen vale más que mil palabras”, con cada presentación que nos iba haciendo, yo consideraba a su vez que él más allá de ser una eminencia médica, era un artista soberbio de la expresión, de la comunicación, y, en concreto, de la transmisión histórica.
Con tus palabras reconozco como convive en mi esa dualidad; esa otra realidad de las que nos hablas, y como a menudo me descubro intentando desentrañar ese complejo mundo que habita en mi interior. Se a que saben mis historias y, desde que recuerdo, no sólo soy consciente de que las escribimos cada día, sino también de que cada una de mis páginas las he llenado con alguien…
Mi AGRADECIMIENTO a cada uno de esas personas, a ti y a Hune por despertar mi curiosidad hacia el fascinante mundo de la Neuroestética, al Dr. Martín Araguz por una bellísima perspectiva que amplia todos mis horizontes, y a Joaquina Fernández por enseñarme que la inspiración esta más cerca del trabajo que de lo divino, que, científicos o no, todos nos convertimos en artistas cuando asumimos que el maravilloso arte de vivir reside en nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestros actos, y porque -como le dije en una ocasión- de todas las historias de mi vida, la más extraordinaria la escribo con ella.
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