¡Indignaos! Lecciones de dos nonagenarios (por okupa) (404)

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Por okupa

Antes de ayer jueves, mi amiga Sara primero y Julia después, me preguntaron si había estado en Sol, si había firmado el manifiesto de apoyo al 15M. Mi absurda respuesta fue que no, que había pasado por Sol pero como un curioso, sin participar, sin apoyar, sin firmar nada; y no lo habría hecho porque ya no era mi tiempo de hacerlo. Yo ya había luchado por las libertades en la estimulante época de la transición. Ya había corrido delante de los “grises”, me había manifestado por la legalización del Partido Comunista, había vivido la transición de nuestra bandera de la “gallina” al escudo real. Les decía que ya había hecho mi parte en una lucha por las libertades de las que ellas disfrutaban, que ahora era su turno.

Al día siguiente, por la mañana, Joaquina me regaló el libro ¡Indignaos! de Stephane Hessel, Una pequeña joya que en su portada no dice que ya se han publicado 400.000 ejemplares, sino: “ya

somos 400.000”. Tanto el autor de la obra como el escritor del prólogo, mi admirado Jose Luis Sampedro, tienen 93 años.

Stephane Hessel, hasta el momento un desconocido para mi, ha tenido una vida increíble: miembro de la Resistencia francesa, superviviente de Buchenwald, militante a favor de la independencia argelina y defensor de la causa palestina es, además, el único redactor aún vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Nos cuenta en este maravilloso libro que el motivo principal de la Resistencia fue la indignación, la reivindicación de una prensa independiente, unos bancos al servicio de las personas, la creación de la Seguridad Social, la democratización del sistema educativo. Y lo consiguieron. Nos pide ahora ayuda. Nos pide que tomemos el relevo, que nos indignemos, que no permitamos que los responsables políticos, económicos, intelectuales y sociales, claudiquen ante la dictadura actual de los mercados financieros, que amenazan la paz y la democracia.

Nos invita desde este breve libro a mirar a nuestro alrededor, a tomar conciencia de los hechos que deberían provocar nuestra indignación, situaciones concretas que nos llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte. Son situaciones que Sampedro nos subraya en el prólogo. Son globales, europeas, de España, también de Madrid, también las provocamos nosotros.

Nos pide Hessel que la indignación nos convierta en personas militantes, fuertes y comprometidas. La fuerza y el compromiso de estos dos ancianos por cambiar el mundo a sus 93 años, hace que me avergüence de mi poco compromiso social, de mi falta de indignación hacia la injusticia y sobre todo, de mi indiferencia. Os pido perdón por ello. Este fin de semana os veo en Sol.

¡INDIGNAOS!

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