El poder del pensamiento (por okupa) (401)

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Por okupa

Interesante tema el del pensamiento. Recuerdo a los curas en el colegio diciendo que se podía pecar de pensamiento, palabra, obra u omisión. Me resultaba fácil cumplir o incumplir los dos últimos, bastaba insultar a alguien, robar un lápiz o dejar de ir a misa, para tener que pasar por el confesionario. Ahora, lo del pensamiento… eso daba que pensar. Efectivamente, Dios estaba en todas partes, pero que entrara en el reducto inexpugnable de mi cabeza y condenara o perdonara lo que se cocía allí dentro… eso era serio.

Ya sin el temor a los castigos Divinos, reflexiono sobre la fuerza del pensamiento, no ya para pecar, sino para construir. Los experimentos de los Generadores de Acontecimientos Aleatorios (GEA) nos dan una base científica y contrastada de la fuerza del pensamiento. En las últimas cuatro décadas se ha repetido cientos de veces un experimento con números al azar utilizando un generador aleatorio que solo produce secuencias de ceros y unos. Es sencillo: se pide a alguien que apriete el botón y la máquina empieza con su aleatoria secuencia de doscientos bits entre ceros y unos. Entonces se introduce el factor pensamiento. Se le dice a la persona que vuelva a pulsar el botón de inicio, pero esta vez que intente que se produzcan más bits de unos que bits de ceros. Se ha hecho cientos de veces, y la pregunta es: ¿importa que la persona intente inclinar el generador hacia los unos o hacia los ceros? La respuesta general es que sí, que importa. La intención y el pensamiento de la

persona influyen de manera notable en el acontecer de lo externo.

La siguiente cuestión es ¿qué pasaría si un grupo de personas alinearan el pensamiento en una dirección concreta? He leído en algún sitio que no consigo recordar, un experimento que se hizo en Washington DC, donde unos cientos de personas se concentraron durante varios días y a horas concretas emitían pensamientos positivos de paz y felicidad. Las estadísticas policiales mostraron un importante descenso en la delincuencia callejera durante esos días. ¿Coincidencia? Puede ser, pero tiendo a pensar que efectivamente el pensamiento cambia la energía del entorno transformándola en aquello que recreamos con la mente.

Hace unos días daba Joaquina una charla invitándonos a reflexionar sobre el poder de nuestro pensamiento y la capacidad del pensamiento colectivo de recrear una realidad de la que luego curiosamente nos sorprendemos. Lo que pensamos cada individuo de forma unilateral, se une a la energía de todos los que piensan de la misma manera, generando un evento. Somos así responsables de lo que nos acontece ya que somos nosotros los que sembramos una simiente que más tarde nos sorprendemos al recoger.

Un ejemplo simple y cotidiano que me pasó hace unos

días: Estoy parado con mi moto en un semáforo en rojo en la rotonda de Rubén Darío. De repente un taxista me embiste por detrás lanzando la moto en medio del tráfico cruzado. Nadie me impactó y como pude, me hice con el control de la moto en el lado contrario de la carretera sin caerme ni recibir golpe alguno. ¿Quién puede estar más libre de culpa que uno que está parado en su semáforo rojo? Bueno, reflexionando sobre el acontecimiento y el para qué había necesitado vivirlo, pensé en lo mucho que despotricaba contra los taxistas. Los profesionales del automóvil eran el blanco de todos mis insultos, enfados, culpas y continuamente mis pensamientos más desagradables iban contra ellos, cada vez que circulaba por Madrid. Encontré lógico que fuera un taxista precisamente quien me ayudara a cambiar ese pensamiento destructivo. Me hizo reflexionar sobre mi impaciencia a los mandos de la moto y sobre encontrar los culpables fuera que la alimentaban.

¿Y vuestros pensamientos? ¿Habéis encontrado la relación causa / efecto en alguno de ellos?