Creer es ver (por okupa) (411)

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(por okupa)

Estamos en Nueva York, años 20. En un banco de Central Park hay un hombre con los codos apoyados en las rodillas cubriéndose la cara con ambas manos. Lleva una hora larga reflexionando sobre su vida, o bien podríamos decir cuestionándose la continuación de la misma. A sus 45 años ha conseguido levantar una gran empresa y convertirla en la mayor editorial de la Gran Manzana. Su ascenso fue rápido, ayudado por su gran ambición y una aún más grande habilidad para las relaciones sociales. Tenía un grupo de empleados fieles, una buena oficina en el piso 27 de un gran rascacielos, y para completar la tarta, una mujer y dos hijos adorables. Era un hombre de éxito, sin duda.

Sin embargo, hace apenas tres meses, los oscilantes vaivenes de la vida fueron a llamar a su puerta. Una fuerte crisis en el sector editorial empezó a hacer mella en sus ganancias y por ende, también en su carácter. Según iba perdiendo mercado, el trato a sus trabajadores empezó a empeorar. Los competidores le comían el terreno a toda velocidad y él empezó a maltratar a sus trabajadores culpándoles de todos sus males. Su carácter se tornó agrio y desagradable, abandonando completamente las capacidades sociales con la que tantos éxitos había cosechado. Fue poco a poco perdiendo clientes, conocidos y amigos. Sus hijos preferían no verle y su mujer estaba a punto de pedirle el divorcio.

Estaba todo tan gris que sentado en el banco acariciaba la posibilidad de quitarse la vida. Alzó un poco la cabeza y vio a un señor mayor, elegantemente vestido, que le miraba fijamente.

– Tiene usted el aspecto de estar desesperado, señor.

– Efectivamente, he perdido todo en la vida y no encuentro motivos para seguir en ella

– ¿Problemas económicos?

– Sí, imposibles de solucionar

– ¿Cuánto dinero necesitaría para solucionar todos sus problemas?

– Ya le digo que es imposible, necesitaría más de 500.000 dólares

El distinguido caballero sacó del bolsillo de su levita la chequera y escribiendo rápidamente entregó al atónito editor un talón, que previamente había doblado por la mitad, descubriéndose levemente al despedirse con estas palabras:

– Solo una condición, nos reuniremos aquí mismo exactamente dentro de un año

Con un gesto de rareza, el hombre del banco desdobla el cheque y no da crédito a sus ojos. Un talón por valor de 1.000.000 de dólares firmado por J. D. Rockefeller. Lo guarda en el bolsillo y se encamina hacia su oficina. Hace semanas que no va nadie por allí y la utiliza también como residencia. Se dirige directamente a la caja fuerte y, doblado como está, introduce el cheque en su interior. Se sienta en una mesa y después de reflexionar largamente, se pone a escribir carta tras carta. Contacta con sus antiguos empleados a los que pide disculpas por su comportamiento y les pide que por favor se reincorporen al trabajo. Habla con sus proveedores rogándoles que confíen en el y le vuelvan a servir. Se reúne con sus clientes convenciéndoles de que ha cambiado, de que vuelvan con él. Finalmente se sienta con su mujer y sus hijos y se muestra como el hombre amoroso y emprendedor que una vez fue.

La empresa empieza a recuperarse poco a poco, los trabajadores están contentos, el banco le da crédito con el que pagarles y los clientes empiezan a fluir. Al cabo de un año vuelve a ser una de las más importantes editoriales de la ciudad. Emocionado, abre la caja fuerte y recoge el cheque, que sigue doblado en el mismo sitio en el que lo dejó hace exactamente 365 días. Se pone la gabardina y camina hacia Central Park. Se sienta en el mismo banco mirando alrededor en busca del caballero que provocó el cambio en su vida. Al cabo de diez minutos ve que se acerca una enfermera empujando una silla de ruedas, donde dormita nuestro caballero. Acercándose rápidamente a ella le pregunta:

– ¿Podría despertar al señor, por favor? Tengo que entregarle este cheque

– ¿Un cheque? Dios mío espero que no le haya metido en ningún lío. De unos años a esta parte tiene la manía de creer que es el mismísimo Rockefeller.

– Entonces, este cheque, ¿no tiene ningún valor?

– Mire señor, este caballero es tan Rockefeller como yo Marilyn Monroe

Empieza a caer una leve lluvia en Central Park. El señor mira el cheque, alza la cabeza al cielo y rompe a reír.

Creer es ver