¿Y si lo echamos a suertes? (por okupa) (402)

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Por okupa

Decía Churchill (en realidad no sé si lo decía Churchill, ya que todas las frases

ingeniosas se le suelen atribuir a él), pues eso, decía que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno. Parece que la indignación ciudadana con la clase política, los cientos de casos de corrupción, el descontento general con la economía, apunta todo en esa dirección. ¿Qué nos pasa a las personas? ¿Por qué amamos tanto una libertad de la que luego abusamos irremediablemente? ¿Son los líderes elegidos democráticamente los representantes reales de las personas?

En democracia da la sensación de que elegimos libremente a unas personas, de las que nos vamos a estar quejando durante los próximos cuatro años, de las que no nos fiamos en absoluto y en muchos casos, especialmente en España, odiamos a muerte. ¿A quienes representan una vez en sus cargos estos políticos? ¿Velan por sus intereses, por los nuestros, por los del país? y la más importante ahora de todas estas preguntas: ¿Merece la pena ir a votar el domingo?

Como muchas de las soluciones a los problemas están dentro del propio problema, revisemos la cuna de la democracia. Hay algo que hacían fantásticamente bien los atenienses y que quizá sería bueno retomar: la elección de los funcionarios. En Atenas, un funcionario era considerado un “sirviente” de la ciudadanía. Como tal podía ser recriminado por no hacer las cosas como debía y en consecuencia ser castigado. Unos 1.100 ciudadanos desempeñaban un cargo como funcionarios cada año. De éstos, solamente 100 eran elegidos por votación, los otros 1.000 cargos eran elegidos por sorteo. La idea no parece ninguna tontería ya que las elecciones favorecen a los que tienen más dinero para la campaña, a los más elocuentes, a los que saben aprovechar situaciones críticas del país; mientras que el sorteo reparte el trabajo entre toda la ciudadanía, integrándolos dentro de la experiencia democrática. Para Aristóteles era “gobernar y ser gobernado en turnos” El sorteo evita cualquier forma de populismo, campaña marquetiniana o corrupción descarada. Igualdad total. Todos tendríamos las mismas oportunidades de obtener un cargo gubernamental.

A este método se le puede alegar que podría haber personas incompetentes tomando decisiones importantes (como si no las hubiera ahora). Sin embargo los inteligentes griegos incluían en su sistema algunos mecanismos para evitar esto. Los atenienses seleccionados, realizaban su labor en equipos, habiendo en cada equipo alguien conocedor del problema a tratar, que enseñaba a los demás. Así durante el desempeño de un cargo particular, cada miembro del equipo está observando a todos los demás.

¿Os imagináis qué maravilla que en las listas electorales del PP o del PSOE fuera obligatorio un porcentaje de personas elegidas por sorteo de entre la ciudadanía de Madrid? Ciudadanos de distintas edades, condiciones sociales y creencias, obligando a políticos profesionales a compartir, aprender y tener en cuenta lo que piensan. Dado que no creo en el azar, piensos que esos sí serían dignos representantes de todos nosotros.

En fin, como no creo que cuaje mi idea, tendremos que seguir con esta imperfecta democracia que, efectivamente es el menos malo de los sistemas de gobernabilidad. Os invito mañana a que votéis, que no sea la indiferencia la que dicte las leyes que nos gobernarán los próximos cuatro años.